Monda & Lironda

REVISTA AZUAYA ESPECIALIZADA EN CRÍTICA CULTURAL Y ESCRITURA CREATIVA

NÚMERO 17

MARZO 2024 | CUENCA, ECUADOR

Recorrido por la Historia (Secreta) del Rock Cuencano

We rock at dawn on the front line
like a bolt right outta the blue.

ANGUS YOUNG, BRIAN JOHNSON
AC/DC

Cristina Navas por Gabriela Parra / Cortesía.

La Casa de las Posadas albergó la muestra fotográfica «Historia (Secreta) del Rock Local», en la que se expuso el registro visual de varios de los principales y subterráneos artífices de nuestra gloriosa y trajinada música.

Esta propuesta pergeñada y curada por Jaime Martínez, es una suerte de bifurcación de otro gran proyecto del investigador Jhonatan Torres, que en 2018 presentó la obra «Rock cuencano, la Historia», en la que Jaime figura como coautor. La relevancia de dicho trabajo tendió varias ramificaciones que derivaron en la necesidad de montar una muestra fotográfica que refleje a aquellos artesanos casi invisibles para el gran público, pero que cargan sobre sus hombros con la responsabilidad de revitalizar un género musical siempre controvertido y precarizado.

Jaime Martínez con su estilo mesurado al hablar, hace hincapié en que una de las necesidades de la exposición fue presentar las propuestas musicales que, a propósito o por designios incomprensibles, no son parte del mainstream. Las grandes bandas que ha parido la ciudad, justamente por su larga sombra, no figuran en este recorrido visual. Recalco. Si hay una historia que sostiene la narrativa de la autogestión, la independencia creativa y el desdén hacia lo «masivo», es aquella que se nutre de músicos, personajes y proyectos que han optado por el verdadero y evidentemente doliente underground.

En la introducción de «Rock cuencano, la Historia», Martínez define al rock como un ejercicio ritual, un trance en el que la colectividad y la sonoridad son puentes para la comunicación suprema; la muestra fotográfica en que devino la obra investigativa logra transmitir —mediante instantáneas de personas y conciertos— ese trance, esa desnudez espiritual que animaliza la electricidad y nos devuelve, grandiosos y diminutos, el reflejo de lo que nos rodea.

La catarsis, el ciberpunk criollo, y la bohemia entre el abismo y la contención

Al empezar el recorrido por la primera tanda de fotografías, me encuentro con la banda Plaza Malatión en plena ebullición ante un público frenético, en estado extático; es la primera gran foto que me impacta hasta la médula. Puede sentirse la corriente en las astillas de los huesos, el sudor y la mística desenfrenada de la Granja Learnaya. Se sabe que fue una tocada armada casi al paso, mientras uno de los integrantes de la banda visitaba Ecuador.

De ese desenfreno catártico, la mirada se posa en una fotografía en la que el aire ciberpunk es infranqueable. El músico Gero Molina con el torso desnudo asoma su existencia, un gran casco en la pensadera y un teclado son los elementos de una imagen sosegada y a la vez sugerente. Acto seguido, volteando la mirada, veo a Cristian Tenorio en una foto que tiene al retrato espiritual como narrador absoluto. Gran conocedor técnico de la música, virtuoso guitarrista, este personaje de las seis cuerdas muestra toda la gama de una lucha entre el espíritu y el abismo. Como perfecto contraplano, la siguiente fotografía me deja ante una escena contenida, mesurada; el músico Bernardo Arévalo de la banda Pastizales, aparece ante mí con guitarra en mano, donde la composición da señales inequívocas de equivalencia con su música. Quizá, como bien dice Jaime, una lectura de dos tipos distintos de la bohemia y proyección musical cuencana, vista a través de dos artífices igual de comprometidos.

El retrato con el que culmina el recorrido por la primera sala es de la artista Cristina Navas, quien ha formado parte de Smoking Dolls y Los Animales Lisérgicos. Retrato directo, honesto, que deja ver a una Cristina en pleno canto, con ese rictus tan de ella en el que el temple y la furia permiten vislumbrar una transparencia y genialidad impecables.

La galería de la tríada intergeneracional

Paso por un portal arqueado. La segunda sala que en realidad es una extensión de la misma habitación, alberga tres retratos de otros músicos y gestores de gran quilataje en la escena local. Tengo en frente la captura de un momento especial, donde se muestra a varios músicos en pleno acto performático, interpretando una canción de la banda Nébula durante el tributo a Esteban el Loco Íñiguez. Neneco Orellana y Jaimicho Martínez en primer plano, la batería y la guitarra en un diálogo en el cual el pulso eléctrico y la estampida percusiva impregnan todo el encuadre. Una de las fotos más sentidas de la muestra. En esta parte del recorrido, claro está, hubo una indiscutible intención de continuar con el frenetismo visual. La siguiente fotografía es del gran vocalista Fredy Ordóñez a la cabeza de la banda Alias. En una postura intimidante con un puño llevado a la boca, como quien intenta dosificar la furia que caracteriza a su banda, aparece uno de los poderosos frontmans de la escena under cuencana. Cierro el trayecto de la galería con un retrato sobrio y altivo de Eduardo Moscoso. Eduardo no necesita presentación. Gracias a él, se ha articulado todo un engranaje de auto regeneración del movimiento rock como plataforma contracultural. El centro cultural El Prohibido ha sido la trinchera de un par de generaciones que han encontrado en la música y el arte extremo una fuente de supervivencia.

Esteban Íñiguez (+) por Andrés Jara / Cortesía.

Eduardo Moscoso por Xavier Caivinagua / Cortesía.

La galería del claroscuro y los guerreros caídos

Llego a la tercera y última estación que contiene el grueso de esta muestra. Como primer protagonista está José Alfredo Maldonado, el Novela. Thrasher de vieja escuela y uno de los gestores y productores musicales de más calado en la escena. Su estudio de ensayo y producción ha sido frecuentado por casi la totalidad de músicos de la ciudad. Avanzo y caigo ante la imagen de la baterista Doris Rodríguez, gran instrumentista que ha desfilado por Carne de Cañón y Black Purple. Toda la actitud y la técnica de esta intérprete pueden apreciarse en la fotografía colgada.

La muestra fotográfica reserva un pasaje especial para aquellos músicos que decidieron anticiparse en su viaje hacia lo innombrable. Cuatro seres que dejaron un hueco inmisericorde en la psique y el tejido musical de Cuenca. Tres de ellos resolvieron por mano propia, ponerle fin a su periplo en este mundo. Otro, en un accidente confuso que le arrebató la vida luego de una jornada en la que la música y la libertad debilitaron su trajinado andar.

Cristian Loco Flores, Juan Diego Tamariz, Mauricio Hernández y Esteban Íñiguez son los músicos que dejaron su legado, su impronta y su convicción en las tablas. Bandas como Kulto Klown, Alias, Protervia, Nemesek, Evil, Ciudad Santa, Morbid Sin, Nébula, Nahual y Aerolíneas del Placer no hubieran tenido el impacto y la trascendencia sin su genio, sin esa transparencia que los definía como músicos y seres humanos. La emergencia sanitaria, el virus desparramado por la angustia y el silencio comunicacional contribuyeron a hacer mella en sus espíritus altivos pero vulnerables. Se sabe que el oficio del músico es un campo precarizado en este país de infames y gloriosos derroteros. El cierre y la cancelación de eventos masivos, la dificultad de alcanzar una estabilidad laboral, debilitan el temple en cualquier cultor de la música. Artistas con letras mayúsculas: el mundo es basura y ustedes ya no soportaron el peso de aguantar el vendaval. Para ellos el fulgor, el ímpetu, los decibelios entronizando la rabia y su catarsis.

Cristian Flores (+) por Vaisecito / Cortesía.

Juan Diego Tamariz (+) por Shamuco / Cortesía.

Mauricio Hernández (+) por Juan Freire / Cortesía.

La última tanda del proyecto engloba a otros admirables músicos. Mi mirada se posa en José el Coshco Crespo, trepidante guitarrista, una bola de ruido eléctrico. Llego a Juan Diego Arias, pues si el indie tiene un cultor abnegado y prolífico, ese es Juan Diego; un experimentador nato, sus propuestas musicales marcan el derrotero de un ser que ha visto en la innovación su liana para sortear abismos de fe, búsquedas y desencuentros. El penúltimo artista de este desfiladero del under cuencano es el músico y productor Mala Vibra. Una fotografía en la que el propósito es mostrar a través de la composición, todo lo sugerente y ecléctica que puede ser la obra musical de este artista. En el recorrido, los rostros de los protagonistas muestran su dolor, sus anhelos, sus incógnitas y su vitalidad, pero al llegar al retrato de Juan Rojas, líder de Santa Muerte, veo que su rostro es esquivo, se funde en un oscuro que es contrastado por el terciopelo de un sillón inmaculado. Mística y transfiguración del guitarrista de esta banda.

En palabras de Jaime Martínez, la obra intercede para generar un lugar donde los reinos del rock local puedan converger y retroalimentarse. La presencia de un diálogo de clases ineludible en procesos culturales, configura un espacio con una infinidad de aristas que son necesarias visibilizar y ponerlas sobre la mesa de debate. A través de la institucionalidad, que muchas veces hace de la vista gorda ante propuestas de esta índole, se ha aprovechado una casa emblemática para articular una experiencia visual que intenta dar cuenta de un desfiladero underground donde sus protagonistas dejan el aliento y el pellejo. El ojo desnudo de inefables fotógrafos y fotógrafas de la escena subterránea han ido recogiendo fracciones de estos rituales eléctricos. Fabiola Cedillo, Dennys Tamayo, Diego Toral, René Martínez, Gabriela Parra, Xavier Caivinagua, Vaisecito, Shamuco, Andrés Jara, Juan Freire, Juan Diego Criollo y Juan Daniel Peña son aquellos nuevos maestros que nos han permitido acceder a estos momentos fugaces, capturando el espíritu en ebullición, el candor o las búsquedas de estos artífices del rock secreto cuencano.

El rock es un ente que, hace rato, se muerde su propia cola. Gracias a la muestra «Historia (Secreta) del Rock Local» podemos tomar el pulso y ofrendar gratitud a aquellos que han contribuido a dignificar la escena rockera de la ciudad de los cuatro ríos.

Jorge Aguilar. Piñas, 1986. Poeta y ensayista. Ha publicado los poemarios «Encendido Animal de la Noche» (Proyecto UTMACH, 2015) y «Poemas como escaramuzas y espejos extraviados» (Tinta Ácida, 2019). Ganador en dos ocasiones del primer lugar del Poetry Slam organizado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Azuay. Poemas suyos han sido incluidos en varias antologías ecuatorianas e iberoamericanas, tales como: «Cirugía Inflamable» de Ninacuro Editorial Cartonera; «Sonidos de la lluvia», segunda antología poética de la Editorial Mandrágora; «Diacronía» del proyecto de creación literaria y visual Salud a la Esponja Nº 7; revista literaria «La Esquina y la Orilla» de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo de El Oro; y en la «Antología de Poesía Hispanoamericana (1970 – 2000)» de la plataforma literaria Liberoamérica.
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