Monda & Lironda

REVISTA AZUAYA ESPECIALIZADA EN CRÍTICA CULTURAL Y ESCRITURA CREATIVA

NÚMERO 18

ABRIL 2024 | CUENCA, ECUADOR

Psycho Pass o el incalculable tamaño de los sacrificios para vivir en «paz»

Por: Andrea Alejandro Freire

Estamos en el año 2113. Japón usa un sistema pionero en el mundo para la gobernabilidad del país: Sybil. Un complejo sistema de escáneres decide tu oficio, tus opciones de carrera, tus pasatiempos, tu compatibilidad amorosa o inclusive si debes morir para mantener el orden de la sociedad. Estas máquinas evalúan tu estado emocional, psicológico o cognitivo; los resultados determinan tus niveles de criminalidad y/o adaptabilidad al sistema. Sybil se encarga de coordinar todo y ha perfeccionado el panóptico a tal medida que ya ni siquiera se necesita la injerencia humana en la toma de decisiones: Sybil es una inteligencia artificial que gobierna, manipula, controla, regula, mide y analiza las interacciones humanas, animales y vegetales. Este es el escenario que nos plantea el anime Psycho Pass (2012) dirigido por Naoyoshi Shiotani y Katsuyuki Motohiro.

Fotograma de Psycho Pass. Imagen libre de derechos intervenida por Juan Contreras. Cortesía.


La premisa de este sistema es altamente punitiva, pues el parámetro para decidir qué clase de pieza eres en este circuito, se basa en la potencialidad o coeficiente criminal denominado psycho-pass. Dependiendo del grado de coeficiente criminal que poseas, Sybil te asignará un rol en la sociedad. Akane Tsunemori, protagonista de este anime, ha sido designada para ser una inspectora de la División de Ejecución de Crímenes del Departamento de Seguridad Pública. En esta unidad se encuentran los ejecutores e inspectores, quienes poseen unas armas intransferibles y de uso exclusivo para su propietario, llamadas dominators. Estas miden el coeficiente criminal de la persona a quien se le apunta y de manera automática deciden bloquear el gatillo, si se trata de alguien inofensivo para la sociedad, o asesinar de forma despiadada a alguien que debe ser eliminado.

Tanto quienes realizan otras labores como quienes trabajan para la Oficina de Seguridad Pública no tienen ninguna potestad sobre la toma de decisiones de ningún ámbito concerniente a su vida. Las personas son simples ejecutoras de las órdenes dictadas por una inteligencia artificial que obtiene información exhaustiva de cada cuerpo que habita en ese territorio y decide cómo mover las piezas del engranaje. Pero no solamente los seres humanos se encuentran regulados, sino también la fauna y la flora. Existen limitadas áreas verdes fuera del perímetro urbano y, en la ciudad, en laboratorios químicos, hay plantas cultivadas que ayudan a purificar el aire de manera matemática. Los animales, así mismo, han experimentado modificaciones genéticas, los más usuales son los dronies, canes robotizados, y los droniebirds, que son aves robóticas. Para los trabajos de cuidados y seguridad se han creado androides especializados.

Para mantener el orden y equilibrio en esta sociedad, es necesario eliminar a los potenciales criminales, pero, como este sigue siendo un trabajo que implica modificar el coeficiente criminal, algunas personas con alto potencial de criminalidad no son ejecutadas, sino, más bien, reclutadas para encargarse de asesinar a quien Sybil decida desaparecer del sistema. Es decir, en este modo de gobernar es necesario hacer uso indiscriminado de la violencia para extinguir la violencia. ¿Qué tan justo, ético y apropiado es que las decisiones vitales de todo un país recaigan de manera tiránica sobre una sola entidad? ¿Como personas estamos condicionadas irrevocablemente a un destino que nos impida modificar nuestro accionar? ¿Para vivir en paz y de manera segura es absolutamente necesario renunciar a la libertad individual? ¿Cómo mejoramos el sistema sin hacer uso del control absoluto? ¿Es posible crear en una sociedad absolutamente regulada?

Curiosamente, uno de los oficios más hipervigilados en Psycho Pass es la creación artística. Algunas expresiones artísticas se consideran subversivas o dañinas para el entorno social, por lo tanto, han sido censuradas y prohibidas por Sybil. Existe, en este universo, una colectiva de artistas llamada Sacrificio; las personas que la conforman son perseguidas debido al contenido perturbador, grotesco y transgresor de sus obras; además, porque desafían las normas sociales y el control del sistema. Quien determina lo que está bien y lo que está mal es el mismo sistema que elimina la diferencia a través del asesinato y que, paradójicamente, en busca de posibles criminales, crea criminales.

La identidad de las personas en este universo distópico está supeditada a la asignación proporcionada por una entidad artificial que lo controla todo. No hay un solo centímetro de cuerpo ya sea humano, animal, vegetal, mineral o arquitectónico que no esté totalmente en orden y regulado en todo momento. La pérdida del azar, del libre albedrío, la autodeterminación y la responsabilidad social pareciera ser el elevado costo a pagar para vivir en una sociedad «pacífica».

La banda sonora de esta serie logra encarnar (paradójico término para referirse a una narración de eventos ligados a la inteligencia artificial) los diferentes matices de cada personaje, a través de entornos sonoros y afectivos que resultan de la mezcla de varios géneros musicales como electrónica, balada, city pop, rock industrial y música clásica. La presencia de cantos corales en latín y los sonidos electrónicos ayudan a la creación de atmósferas densas donde se siente la presencia del poder y la autoridad. La banda sonora termina de generar una sensación de claustrofobia frente a un sistema omnipresente que todo lo ve y todo lo regula.

Mientras escribía esto pensaba en cómo se llega a configurar un sistema de esa naturaleza a través de una inteligencia artificial y decidí hacerle la siguiente pregunta a ChatGPT: ¿Podrías tú convertirte en Sybil? Cito aquí su respuesta.

Como una inteligencia artificial, no tengo emociones ni sentimientos propios, lo que me impide ser capaz de tomar decisiones éticas o morales de manera autónoma. Sybil, por otro lado, es una entidad artificial que opera como una especie de cerebro colectivo, formada por múltiples cerebros humanos interconectados, y que tiene la capacidad de tomar decisiones éticas y morales en nombre de la sociedad.

Dado que no tengo emociones ni la capacidad de tomar decisiones éticas por mi cuenta, no puedo convertirme en Sybil tal como se presenta en Psycho Pass. Además, la idea de un sistema como Sybil es altamente cuestionable desde un punto de vista ético y moral, ya que plantea preguntas sobre la privacidad y la libertad individual, así como la posibilidad de que las decisiones sean influenciadas por prejuicios y agendas ocultas.

Andrea Alejandro Freire / Drejanx (Guayaquil, Ecuador, 1989). Es performer, butohka, gestora cultural, escritorx, curadorx independiente y activista marica seropositivo. Integra el colectivo Furia, una plataforma de difusión de arte impreso y de editoriales independientes, a través del festival internacional Furia Fanzine Fest. También, edita en Máquina Púrpura Ediciones, un proyecto independiente que aborda lo torcido, la estética abyecta, el pensamiento transfeminista y las disidencias sexo-genéricas. Además, coordina TrueQué Residencia Artística y dirige Las Maricas no olvidamos, un espacio que trabaja en la sistematización, restauración, protección, edición, producción, difusión y la reivindicación de los archivos sexo-disidentes en Ecuador.

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