un mundo un grito (en la quebrada resonancia del Lugar Techado)
Por: Mateo Febres
Imágenes libres de derechos intervenidas por Juan Contreras.
un Mundo al fin con rostro, lúcido,
un mundo de cosas destrozadas
que el lenguaje ya no esgrime más
y que persiste, exhausto,
en un lugar que habíamos hecho débil,
débil desde un inicio, de una ficción
fugaz y poderosa, colapsando.
entre techos de zinc, colapsando,
entre vigas enfermas, colapsando,
entre paredes de gypsum, colapsando,
entre columnas de tagua, colapsando,
entre vidrios y vidrios, colapsando.
y por las ruinas, colapsando,
y por el polvo, colapsando,
y por la luz, entre la estría,
un mundo un grito de las cosas
que se rompen al caer.
o, instante de peligro, o, intervalo,
interrupción, qué triste también todo
qué triste fue el amor cuando se mira
a luz de todo lo demás, cuando el después
fue largo y vino y sigue y luego no el después
sino otro ahora al fin y al cabo. qué triste
fue el amor también,
cosas desmoronadas,
entregas y alharacas, la extenuación
de algo que endeble hacía de afuera
lo más íntimo y sin nombre, como el mundo:
un lugar exhausto y una sola boca hablando en él
entre el escombro de las tablas, aterrorizada
de decir su propio yo: sórdidos ecos
retrospectivos estertores de la muerte
en la quebrada resonancia del Lugar Techado.
di por una sensación lo que perdimos juntos
en la entraña que hacia afuera habíamos ido
descosiendo de la piel.
un Mundo al fin con rostro, lúcido.
un mundo de cosas destrozadas
♦
Pero qué haría yo sin este mundo que me puede, incurioso, cotidiano,
de carne que duela palando, enamorándose incendio a través.
Cómo la vida sino a fuerza de valientes hombres y mujeres, los amigos
abrasando combustible las espaldas del amor sobre la cama, como hacías,
dando lacre al tacto fuste de las manos que cuidando se iban permanentes,
pasajeras. Sin este mundo que me puede. Incurioso, cotidiano. En el temblor.
Bélico amor, fúrico y múltiple, que tanto da poemas: ante ti me inclino
y sobre ti —toda la sangre y el sudor, toda la baba— tiendo los horizontes,
las derrotas, las derivas; lacto, así, y escribo entonces. Pulpa, pulpa, pulpa.
eran las dramaturgias del encadenamiento de unos que a la roca
del amor plateando habían atado sus espasmos con la soga
del reloj colgada al cuello, de unos que habían urdido espera
y padecido
hasta que algún espéculo refracte y quiebre al fin luz enfermada
que tenía también tal vez en su naturaleza el grito el llanto
la trenza de una horca inofensiva
iluminando ictérica sus pertenencias
y he así que el teatro insistentemente el teatro:
«que penda de esa horca todo lo que vaya a ser de amar»
Mateo Febres (Quito, 2000). Su primer poemario, Salvaje cielo azul, obtuvo el premio nacional Dolores Veintimilla de la Casa de la Cultura Ecuatoriana en 2022. Otros de sus poemas se han publicado en las antologías: La Diabla Verde (CCE Azuay, 2025) y Karaoke (Turbina) de próxima aparición. Cursó la maestría en Estudios Literarios de la UBA y, actualmente, es profesor de Literatura en nivel secundario.