Monda & Lironda

REVISTA AZUAYA ESPECIALIZADA EN CRÍTICA CULTURAL Y ESCRITURA CREATIVA

NÚMERO 17

MARZO 2024 | CUENCA, ECUADOR

Carta a Lina Vintimilla

Estimada Lina,

Te saludo y espero que estés muy bien. He leído tu cuento y me ha dejado impresiones positivas. Tiene mucho sentido porque cuenta historias reales. También es muy interesante porque describe personas como Juan Pablo y su gran imaginación, animales como las ovejas y el cóndor, y lugares como las montañas altas.

El cuento es muy lindo, Juan Pablo se parece a mí porque le gusta viajar y volver a casa. Su felicidad es su tierra. También recordé que nuestros sueños se pueden cumplir si trabajamos mucho y deseamos con el corazón.

Tengo algunas preguntas que me gustaría decírtelas: ¿Cómo estás?, ¿cuál es tu inspiración?, ¿cómo llegaste a ser escritora?

Un abrazo y hasta pronto,

José Julián, 8 años.

 

 

Cuenca, 25 de enero de 2022.

Cómo estás, mi querido y hermoso José Julián, un gusto enorme el saber que te han gustado mis cuentos. Me animas a seguir creando más y más cuentos para que los niños como tú puedan leerlos y aprender cosas bonitas a través de la lectura.

Y para contestar a tus preguntas debo indicarte que gracias a Dios estoy bien, espero de todo corazón que en tu casa también se encuentren bien. Mi aspiración es seguir creando cuentos que transmitan valores. Desde muy pequeña, me gustaba escribir y contar cuentos a mi familia, también me encantaba leer, pienso que esas actividades me guiaron para ser escritora.

Me siento muy contenta de que el cuento de Juan Pablo y el Cóndor sea uno de tus preferidos, así que adicionaremos algo más a esa historia.  Léela para que encuentres un personaje más en ella y puedas contarles a tu familia y amigos.

¡Aquí vamos!

Juan Pablo y el Cóndor. Un cuento corto, muy corto

            Juan Pablo era un joven pastor al que le gustaba subir a las montañas más altas con sus ovejas para observar el horizonte. Él deseaba fervientemente viajar a lugares que no podía divisar desde las montañas más altas. Quería conocer nuevos mundos, las grandes ciudades y las costumbres de los pueblos que eran diferentes al suyo; saber cómo eran las personas de esos lugares que conocía únicamente a través de libros y revistas; qué hacían, cómo se llamaban… Quería conocer sus pensamientos.

            Un día, cuando pastoreaba sus ovejas, miró el vuelo de un cóndor que cruzaba entre las nubes y exclamó como deseando que sus sueños se cumplieran:

            — ¡Cómo quisiera ser cóndor para que mis alas me lleven a conocer los rincones más apartados de esta tierra!

            Repentinamente, Juan Pablo se encontró volando sobre el lomo del cóndor que le llevaría hasta lugares increíbles, ciudades pequeñas y grandes. Descubrió las montañas altas y desiertos gigantes, verdes bosques y los inmensos y profundos mares. Pudo observar desde lo alto a las grandes multitudes que se veían como hormiguitas. Pasaron días y noches viajando, incluso meses y años conociendo lugares que nunca había visto en las viejas revistas.

            En sus viajes con su amigo el cóndor, también conoció a su gran amigo José Julián, con quien pasaba muchas horas jugando y contándole sus aventuras, le relataba de los hermosos paisajes que había visto desde las alturas y como aprendió mucho de la naturaleza. Ahora, Juan Pablo y José Julián serían los mejores amigos.

            Hasta que un buen día, Juan Pablo empezó a extrañar a sus ovejas y las montañas donde las pastoreaba, así que rogó al cóndor que lo llevara nuevamente a su tierra.

            Al llegar, vio que las ovejas dormían plácidamente sobre la yerba, ajenas a lo que había ocurrido mientras el sol se ponía sobre el horizonte. Juan Pablo se despidió del cóndor que alzó su vuelo hasta remontar las cordilleras y perderse detrás de las montañas.

            Ahora sabía que se encontraba en casa. No importaba cuánto había viajado ni las cosas que conoció, su hogar estaba en la tierra donde le esperaban su familia y sus ovejas.

            Y también, pronto estaría con su gran amigo José Julián, que le esperaba en su hogar para jugar.

Fin

Con cariño,

Lina Vintimilla.

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