Monda & Lironda

REVISTA AZUAYA ESPECIALIZADA EN CRÍTICA CULTURAL Y ESCRITURA CREATIVA

NÚMERO 32

JUNIO 2026 | CUENCA, ECUADOR

Gustavo Landívar Heredia: 47 cafés para 47 retratos

Por: Jenny Jimbo Pino

Gustavo Landívar Heredia (1955) es el fotógrafo creador de la muestra Cuenca Revelada: Rostros de la Cultura 1980-2005. Retrato cortesía del fotógrafo.

A Gustavo Landívar Heredia le gusta mirar despacio. Entre rollos de película, la luz roja y tenue del cuarto oscuro, y conversaciones largas, dedicó décadas a retratar a la gente que estuvo moviendo los hilos de la cultura en su ciudad. A partir de la década de 1980, cuando la escena cultural de la capital azuaya experimentaba una transformación decisiva, Landívar Heredia registró de forma sistemática a los académicos, poetas, historiadores, periodistas, gestores y artistas que impulsaron aquel cambio.

Su lente perennizó a más de una generación. Aunque algunos ya no están, sus miradas quedaron fijas en el papel, como un mapa de lo que fue y un homenaje a quienes cimentaron el panorama cultural actual de nuestra ciudad. De este trabajo se desprenden los 47 retratos que conforman la exposición Cuenca Revelada: Rostros de la Cultura 1980-2005. En esta entrevista, Gustavo habla sobre su proceso creativo y la ceremonia que siempre antecede a una fotografía analógica.

Hoja de contactos donde se ven las sesiones fotográficas que Gustavo realizó de: (1) Osmara de León, (2) José Edmundo Maldonado, (3) Eugenio Moreno Heredia y (4) René Cardoso. Imagen cortesía del fotógrafo.

Para seleccionar los 47 rostros que conformaron la muestra, volvió a revisar negativos y fotos guardadas de 1980 a 2005, ¿qué significó para usted este proceso?

Realmente, teníamos planificado, ya en el año 2018, una exposición en el Museo Remigio Crespo. Revisamos mis archivos, con René Cardoso, y pudimos observar que había muchos eventos de los cuales yo hice fotografías, durante mis más de 50 años de carrera.

En Cuenca, en los años setenta, hubo un cambio radical en los temas culturales. Esto es la creación del Instituto de Salud y el Folklore —vinculado a la Casa de la Cultura—, el CIDAP (Centro Interamericano de Artes Populares) y Acción Cívica. En esa época, Jorge Dávila ganó el Premio Aurelio Espinosa Pólit con la novela María Joaquina en la vida y en la muerte y Eliécer Cárdenas, el Premio Nacional Casa de la Cultura Ecuatoriana con Polvo y Ceniza. También, a finales de la década, se creó el Centro de Investigación y Cultura del Banco Central.

La cultura era política de Estado, había recursos y se hicieron transformaciones muy importantes que impactaron y se consolidaron en los años ochenta, con la creación de grandes museos que permanecen hasta ahora, como es el Museo Municipal de Arte Moderno, el Museo de Sitio Manuel Agustín Landívar, el Museo del Monasterio de las Conceptas o el Museo de Historia de la Medicina. Todo esto desembocó en que Cuenca fuera la sede de la Primera Bienal Internacional de Pintura y, después, en su postulación como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Pero los hechos, los elementos que fortalecieron ese proceso fueron impulsados por personas, y justamente esas personas son a las que les hice retratos.

Jorge Dávila Vázquez (1947), escritor, crítico artístico y literario, y catedrático. Fotografía de Gustavo Landívar Heredia.

Eliécer Cárdenas (1950-2021), escritor, ensayista, periodista y dramaturgo. Fotografía de Gustavo Landívar Heredia.

Muchas figuras fundamentales no alcanzaron a ser retratadas. ¿Cómo hizo para armar este grupo sin sentir que dejaba vacíos en la historia de la ciudad?

Sí, es indudable que faltan muchas personas que son súper importantes y con las cuales tuve una relación muy buena. Pero, lamentablemente, mis archivos son extensos y no localizo ciertas fotografías. Como el caso de Hernán Crespo Toral, que contribuyó muchísimo al cambio que hubo en la ciudad; Laura de Ventimilla, con quien hice el libro de las recetas con historia; Josefina Cordero, con quien trabajé en algunos reportajes; Eduardo Cevallos o Rigoberto Mata.

Antes de hacer el disparo, ¿había una charla, una visita? ¿Cómo lograba que la gente se soltara y mostrara su lado auténtico frente a la cámara?

Antes, la fotografía era una ceremonia: desde concretar qué material fotográfico se usaba; la sensibilidad del rollo que se necesitaba; con qué luz; en qué ambiente se iba a tomar la foto: ese espacio donde los personajes tenían su día a día y que les identificaba, ese que fuera acorde al contexto de su personalidad, valga la redundancia.

En la fotografía analógica, esta era recién la primera etapa: tomar la fotografía; después, la siguiente, era revelar. Había un trabajo de laboratorio que ahora se ha cambiado por un proceso digital, a través de Photoshop. Pero antes había todo un contexto y la maravilla de esa fotografía se guarda en sus negativos, lo que mantiene ese grano; eso le da una diferencia muy grande.

Jacinto Cordero Espinosa (1926-2018), poeta y docente universitario. Fotografía de Gustavo Landívar Heredia.

¿De todas estas visitas, ¿qué anécdota o encuentro se le quedó grabado con más cariño?

[Gustavo ríe] ¡Que tomé 47 cafés!, de eso sí estoy seguro, porque a cada uno era de visitarle en su vivienda. Tengo muchas anécdotas: como el caso de Eudoxia Estrella, increíble amiga, muy buena. Con ella tomé varios cafés; los servía con nata y con pan del barrio. Y tenía unos perros pequineses que eran unas balas, que a mí no me querían; pero ahí pasé varias veces.

Eudoxia Estrella (1925-2021), pintora, gestora cultural y fundadora de la Bienal de Cuenca. Fotografía de Gustavo Landívar Heredia.

De Osmara, recuerdo que, cuando llegué a hacer las fotografías en el Conservatorio, en su espacio, ella salió con un traje normal, pero según avanzaba la sesión, sentimos que algo faltaba y me dijo: «Oiga, Gustavo, ¿no será de que me ponga la licra?». Ella ya estaba por los 70 años.

Carmen Estrella Villamana Breto, conocida como Osmara de León (1928-2011), bailarina y docente de danza. Fotografía de Gustavo Landívar Heredia.

Igual, recuerdo a Monseñor Luna, la expresión que tenía, la típica. En esa ocasión le visitamos con Jorge Dávila, si no me equivoco, y fotografié esa expresión con las manos abiertas, mostrando su personalidad de siempre. Y así cada personaje aparece en su mundo. Yo trato de que, a través de sus miradas, sus expresiones, se dé contexto a las cosas.

Monseñor Luis Alberto Luna Tobar (1923-2017), clérigo, escritor, articulista, catedrático y activista. Fotografía de Gustavo Landívar Heredia.

¿Cómo espera que las nuevas generaciones —acostumbradas a la fugacidad del consumo digital— lean e interpelen hoy los rostros de quienes cimentaron el panorama cultural del Azuay?

Bueno, lo que se pretende con la muestra en sí es visibilizar a personajes que eran parte del día a día, que ahora no se conocen, pero los que tenemos cierta edad los recordamos.

Justamente, la idea es mostrar que Cuenca fue hecha por los cuencanos; que están las instituciones, pero detrás están personas que aportaron con trabajo y gestión, sin bienes, sin beneficio alguno, solamente por la ciudad. Gran parte fueron personajes con otra forma de ver el mundo.

María Rosa Crespo (1942-2022), escritora, docente universitaria, investigadora, gestora cultural y la primera mujer en ser electa directora provincial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Azuay. Fotografía de Gustavo Landívar Heredia.

Tras este recorrido por la memoria intelectual, ¿cuál es la idea para su próxima muestra?

La idea que tengo ya está clara: es sobre los pintores con quienes tuve una relación mucho más cercana. Tengo y he localizado una cantidad similar a cincuenta personajes de esa época, que también fue un tiempo de una transformación las artes plásticas, cerámica y escultura de la ciudad. Están Lauro Ordóñez, César Burbano, Oswaldo Moreno, además de los inicios de Edgar Carrasco, Ricardo Montesinos, Pablo Cardoso, Patricio Palomeque, Tomás Ochoa, Eugenia Abad; de todos tengo un material más extenso.

Para ayudar y aportar a las personas que, vinculadas al arte, no tenían una bonanza en sus inicios —vivían lejos y andaban a pie, como se dice—, yo les hacía una especie de cuenta: íbamos acumulando y hacíamos canjes. Tengo algo así como cien obras para exponer, muchas de gran formato. Como yo fui fotógrafo de la Revista Diners, que fue la promotora de artistas, tenía ese vínculo.

Esta exposición sería bastante extensa, vamos a ver si encuentro apoyo para hacerla. Es importante rendir un tributo a este grupo de artistas que no son conocidos solamente en lo local, sino nacional e internacional. No hablo de una exposición que se vuelva efímera, sino, más bien, habría que ver si se puede fijar un buen catálogo, hacer un libro o algo de eso.

Un viaje al corazón de la memoria cuencana

Vista panorámica de la muestra Cuenca Revelada: Rostros de la Cultura 1980-2005, en el Salón del Pueblo «Efraín Jara Idrovo». Fotografía de Gustavo Landívar Heredia.

Al recorrer los pasillos de esta exposición, queda claro que el trabajo de Gustavo Landívar Heredia no se mide solo en fotogramas o en la química del laboratorio, sino en el tiempo compartido.

Cuenca Revelada: Rostros de la Cultura 1980-2005 nos invita a detener la prisa. Mirar a los ojos de estos 47 personajes es mirarnos a nosotros mismos en el espejo de la historia; es recordar que la identidad cultural de esta tierra no surgió por azar, sino por la pasión, el pulso y la entrega de hombres y mujeres que creyeron en el arte como forma de vida. Gustavo tuvo la generosidad —y la paciencia— de congelar esa luz, para que nunca dejemos de reconocernos en ella.

La exposición permanecerá abierta hasta mediados de octubre de 2026 en el Salón del Pueblo «Efraín Jara Idrovo» (Mariscal Sucre y Benigno Malo, esquina). Puede visitarse de martes a sábado, en los horarios de 09h00 a 13h00 y de 15h00 a 17h30.

Para consultar la cartelera y los próximos eventos de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Azuay, ingresa a cceazuay.gob.ec

Oswaldo Encalada Vásquez (1955), narrador, ensayista, crítico literario, filólogo y docente universitario. Fotografía de Gustavo Landívar Heredia.

Jenny Jimbo Pinos. Es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de Cuenca. Forjó su trayectoria profesional en televisión, donde lideró el equipo de noticias de Telerama. Posteriormente, se desempeñó como experta en el área de Vigilancia y Control de Medios en la SUPERCOM Zonal 6. Más adelante, se integró a la Casa de la Cultura Núcleo del Azuay, para impulsar su gestión comunicacional hasta asumir, hace un año, la dirección de la Unidad de Comunicación.

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