Yuyarina 1
Por: Sara Medina
Fotografía de Rafael Idrovo Espinoza, cortesía.
Chamicitas trae, mijita,
chamicitas para prender el fogón.
Recoge escancel para la fiebre,
esa que te da cuando te pones triste.
Deja que las nubes te besen en el filo del cerro,
deja que el sol te agobie subiendo de la carretera,
duerme en la más profunda oscuridad de tu hogar,
sonríe bajo el durazno más rosa de la ladera.
No te avergüences, mijita, eres hija del cerro,
sus quebradas te dieron de beber.
No te avergüences, mijita, hija del sol,
porque sus vientos te llenaron de caricias.
Ya mis manos no pueden partir nogales
ni pueden escribirte, ni nunca he podido,
no he podido ordeñar y brindarte leche y quesillo,
no puedo leer tus mensajes y no sé qué es una llamada…
Ya no puedo sembrar, ya no puedo cushpear2 en el pasto,
ya no puedo pelar maíz, ya mis piernas no avanzan.
Mijita, ya no te recuerdo,
pero juro por los pajaritos del monte,
que siempre abrigaré tus piernitas.
Ya no podrás abrigarte en la cocina,
porque mi cocina ya no es mía.
No podrás acostarte en mi cama,
porque esa cama ya no es mía.
No recuerdo tu nombre, pero te abrigo.
Siéntate, ve de hielita…
¿cómo te llamas, mijita?
Chamicitas trae, mijita.
Chamicitas para prender el fogón
Tu abuelo me hacía y deshacía las trenzas.
Ahora ya, ¿quién?
La muerte me quitó mi marido.
No te avergüences, mijita,
hija de las flores, hija del río,
aun cuando el mundo desprecie tu ingenuidad,
aun cuando el mundo te rodee de cemento,
aun cuando desprecien tus palabras tiernas…
Y cuidado con llorar porque el río se crece bravo
con las lágrimas de las hijas de las montañas.
Mijita, ya no me acuerdo ni de mí,
pero no olvido que en mis manos encontrarás calor.
Ya cuando mi cuerpo se regrese a la tierra,
búscame en el sol y mándame un beso de vez en cuando.
Ahora que no puedo cocinarte un sambito,
ahora que no recuerdo tu nombre ni el mío,
acuérdate que en la nube se queda mi casa,
se queda mi memoria, se queda mi juventud…
Ya ni pollitos tengo, mijita, pero sonríe, hija de los Andes,
yo le diré a la Virgen y al sol que conocí la flor más linda de la tierra
en el cerro más frío del sur.
Mi nietita se asomó a los años,
mi cholita churona vino a verme y no recordé su nombre.
No sabía que en el campo se podría encontrar una flor así.
Alguna vez yo florecí aquí, corríamos descalzos.
Ahora ya… no me puedo levantar.
Parama y no puedo esquivar el frío.
Paloma bendita, mijita blanquita,
no te olvides de las estrellas que viste aquí.
Hijita del sol, del cerro y de la nube…
Mijita, churonita, duerme conmigo…
Porque mañana no me voy a acordar
Mijita blanquita, duerme conmigo…
Mañana el chugo3 de la muerte chillará
y estas manos torcidas no podrán abrigarte…
Chau, mijita
Chau, palomita.
1 Recordar.
2 Saltar como algunas crías de animales.
3 El huiracchuro es un ave pequeña que habita en bosques y selvas de montaña del norte y noreste de América del Sur, es conocido por tener un carácter iracundo.
Sara Medina (Quito, 1999). Es editora y escritora. Se licenció en Pedagogía de la Lengua y la Literatura por la Universidad Central del Ecuador y es magíster en Literatura, con mención en Escritura Creativa, por la Universidad Andina Simón Bolívar. Le apasionan la escritura y las danzas árabes. Cultiva especialmente la poesía y la prosa poética, géneros con los que explora sus emociones, ideas y perspectivas sobre el mundo.