Monda & Lironda

REVISTA AZUAYA ESPECIALIZADA EN CRÍTICA CULTURAL Y ESCRITURA CREATIVA

NÚMERO 18

ABRIL 2024 | CUENCA, ECUADOR

Alondra Santiago: hacer periodismo sobre una ola de violencia política

Por: Issa Aguilar Jara

 

Y lo que cambió ayer
tendrá que cambiar mañana,
así como cambio yo
en esta tierra lejana.

JULIO NUMHAUSER

Alondra Santiago es la presentadora de los programas Ingobernables y Primera Cita, ambos se transmiten por YouTube. Cortesía.

Cada acción en la vida humana, por minúscula que sea, es política o, por lo menos, es lo que se cree, se espera y se sueña en los espacios diversos de lucha. No es descabellado, entonces, pensar en el periodismo como un oficio que tiene tanto de político como de kamikaze. De esto conoce mucho Alondra Santiago, una periodista cubana que vive en Ecuador, a quien, todos los días, los haters quieren regresar a su país natal y a quien, todos los días, así mismo, más gente sigue y le pide que se quede.

Estuve dos semanas detrás de Alondra. Cuando estuvimos a punto de concretar esta entrevista, un orate la agredió verbalmente en Guayaquil. Ella me pidió conversar por Zoom, porque tenía miedo de salir a la calle, de estar expuesta a otro ataque y de todas esas cosas a las que un periodista debe enfrentarse a diario en un país inseguro. Finalmente, la espera valió la pena. Así fue nuestra «primera cita»:

Una verdad incómoda es que la objetividad en el periodismo no existe. ¿Cuál es la importancia de tomar postura en este oficio?

Yo no sabía la importancia de esto hasta que la tomé. También fui de las que dijo que el periodismo debe ser objetivo, eso nos enseñan en la universidad. Cuando nos damos cuenta de que somos subjetivos e independientes, todo cambia. Soy una persona extremadamente sensible, tengo opiniones fuertes, ¡qué me voy a preocupar en sacar, coser o acomodar las palabras! Además, las plataformas digitales nos han acercado a todo el mundo y creo que existe una generación que lo que busca es que la gente sea honesta y la objetividad no es honesta, porque no nos permite ser sinceros con nosotros mismos. Estoy de acuerdo con hacer un reportaje y buscar las respectivas fuentes de lado y lado, pero eso no significa que el periodista no tenga una tendencia o un pensamiento totalmente autónomo. Yo, ahora, me siento libre y sé que la libertad molesta. Siempre trato de ser coherente con lo que pienso, no con lo que el otro quiere… y, aunque mañana cambie de opinión, igual la seguiré defendiendo.

¿Cuál es tu tendencia o ideología política? ¿En qué cree Alondra Santiago?

Soy completamente de izquierda, soy progresista que no es lo mismo que ser comunista. Pienso que ser comunista (como me tildan algunos en las redes sociales) es llegar a un extremo al que no pertenezco. Creo en las libertades, en la decisión y en las oportunidades. El ideal de izquierda en el que creo (que lamentablemente no se ha cumplido) es el que está apegado a los derechos y a que todas las personas —independientemente de su clase social, raza o género— tengan una vida digna: acceso a la salud, a la educación, así como también al ocio, a la salud mental y al bienestar en general.

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Varios marzos han marcado la vida de Alondra. Un día de marzo, empezó su relación actual de pareja; otro día de marzo, se quitó un peso de su espalda al renunciar a un trabajo que la consumía; y, el 25 de marzo de 2005, se bajó del avión que arribó a Guayaquil desde La Habana. Aunque Alondra nació en el municipio de Marianao, su vida en Ecuador comenzó en el barrio del Seguro, al sur de la ciudad. No pasó mucho tiempo desde su llegada para que iniciara sus estudios en el colegio y, en la universidad, se graduó de dos carreras: Periodismo y Actuación.

Gracias a la primera, se ha convertido en una figura pública de la televisión y nunca ha parado de aprender: tiene estudios de cuarto nivel en Periodismo, Comunicación y Género. La segunda le vino por herencia, su madre Aleida Santiago es directora de teatro para niños y una de las fundadoras del grupo Papagayo. Ella llegó a Ecuador antes, con su otro hijo, Milko. Me cuenta Alondra que el nombre del grupo de teatro es el resultado de lo mucho que hablaban los integrantes durante los ensayos, incluyéndola. Yo me río y no me demoro en comprobarlo.

¿En qué momento terminó tu etapa en los medios tradicionales y cómo decidiste arrancar con tus proyectos de análisis político y entrevistas: Ingobernables y Primera Cita?

Estuve en Ecuavisa durante cinco años, allí hice periodismo comunitario. Fue hermoso porque me acerqué mucho a la gente. Hay algo que pasa en Ecuavisa, que cualquiera que haya salido de ahí te lo va a decir, y es que llegas a un punto y no te permiten subir más. Fueron cinco años en los que nunca opiné, aunque yo les decía, todos los días, a los políticos y funcionarios lo que debían atender en la comunidad. Dentro del canal había mucha violencia normalizada; el ambiente laboral, ojalá pudiera decirlo en el buen sentido, era demasiado competitivo. Después me impuse y puse límites a mis compañeros.

Todos los días me levantaba a las tres de la mañana, permanecía enojada, se me cayó el cabello, no tenía vida y tampoco entendía que mi cuerpo me pedía parar. Presenté mi renuncia y, enseguida, me invitaron a un proyecto nuevo en Teleamazonas que duró muy poquito. Luego, nos cayó la pandemia, tiempo después hice unas investigaciones para TC Televisión y llegué a Un Café con JJ, el programa de noticias con Jimmy Jairala. En este último ya no era la Alondra de las calles y de los baches, sino la Alondra que preguntaba cosas a los políticos. No sabes el terror que me daba. Aunque el ambiente era muy chévere, yo era una mujer junto a dos hombres que ya tenían todo un bagaje. Aun así, me animaba a preguntar, porque siempre he basado mi periodismo en la realidad de que no hay preguntas «tontas»; si hacemos una entrevista pensando que ya lo sabemos todo y que vamos a hacer la pregunta más elaborada posible, nos perdemos de las respuestas que surgen de la manera más natural. En este espacio estuve ocho meses.

Ingobernables es la mejor casa que he tenido hasta hoy. Con Túpac Galarza, que es mi pareja y el director del programa, hicimos el primer en vivo en junio de 2022, durante el Paro Nacional. Fue la primera vez que sentí libertad y, además, me felicitaban por mis palabras. Sucede que en los medios tradicionales te llenan de guías e inevitablemente te cuestionas sobre quién realmente eres. En Ingobernables encontré mi voz, por eso he crecido personalmente y en mi discurso. Más allá de los ataques de algunas personas en redes sociales, me siento orgullosa de estar en un lugar en donde puedo hablar y donde quienes piensan diferente se animan a conversar conmigo.

¿Qué significa ser ingobernable?

Ser libre, saber que puedes seguir una tendencia con libertad, tomar las riendas de tus decisiones y asumir las consecuencias, motivar a otros a que también lo hagan. En nuestro equipo de trabajo están comunicadores y productores audiovisuales que piensan que hace falta hablar, tener un discurso, llegar a la gente. Y, si nadie más lo hace, lo vamos a hacer nosotros; y, si alguien más lo está haciendo, nosotros lo haremos diferente… eso es ser ingobernables.

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Lo que dice Alondra es cierto. Por sus programas han pasado políticos de izquierda, de derecha y de todos los centros y de los dos metros a la redonda posibles. Aun así, el lunes 28 de agosto de 2023, los ataques constantes que recibe en redes sociales por su nacionalidad, su género, su ideología y su quehacer periodístico, se trasladaron a la vida real. Un individuo la insultó en pleno espacio público, cuestionándola por sus entrevistas y sus opiniones, en un acto de xenofobia y violencia que, actualmente, sigue su respectivo proceso legal.

La periodista que hace dieciocho años se siente más ecuatoriana que nunca, la que cree en el feminismo, en los derechos humanos y en la diversidad es, a diario, víctima de ciberacoso. Esto parece desplazarse al otro extremo de la conversación cuando me cuenta que, cuando viaja a otros países, lo que extraña es el bolón mixto, el encebollado y toda la comida de Ecuador. Me cuesta creer que una mujer con ese temple y esa alegría contagiosa pueda ser el blanco de algún ataque. Sin conocerla, genero empatía con ella y recuerdo, por millonésima vez, que los periodistas estamos tan lejanos de la objetividad como de la inmunidad que nos es bien ajena.

Alondra de bebé en su natal Cuba. Cortesía.

Hablemos claro. Hay una suerte de necedad y de masoquismo en hacer periodismo en Ecuador. Y, por si fuera poco, tú haces periodismo de opinión en el actual contexto de crimen organizado, narcotráfico y violencia. ¿Por qué?

Al principio creía que el periodismo de opinión y la política no eran lo mío. Luego, fue como aprender a caminar: a un bebé le encanta gatear hasta que se da cuenta de que tiene dos piernas y camina, después se da cuenta de que, con esas piernas, también puede correr… Con Túpac ha sido un proceso muy bonito, él llegó a mi vida como pareja, no como compañero de trabajo. Yo andaba en un momento de depresión porque estaba desempleada, entonces él me hizo dar cuenta de mi fortaleza y así creamos Primera Cita.  

Nunca he creído que puedo ser «la voz de los demás», todos tenemos una y yo no soy la de nadie: yo soy mi propia voz. Pero Ingobernables es una plataforma que nació para que la gente se dé cuenta de que no está sola y de que los periodistas también sentimos, aunque vivimos en un mundo que trata de silenciarnos todo el tiempo. Entonces, para mí, ese masoquismo y esa necedad que tenemos son también una forma de terapia. Una vez le dije a mi psicólogo: «no quiero ser una periodista que solo lee noticias, quiero ser relevante para mí y para muchas otras personas». Y aquí estoy, aguantándome lo de la relevancia.

¿Qué les debe el Estado ecuatoriano a los periodistas?

Nunca antes había visto niveles de violencia como los de ahora, es la peor época para hacer periodismo en Ecuador. El Estado ecuatoriano les debe seguridad a los periodistas, independencia, la posibilidad de ejercer la profesión. Lo de andar rompiendo periódicos en las sabatinas no fue lo ideal y sí sentó un precedente para lo que está ocurriendo ahora. El Estado debería cuidarnos, protegernos y permitirnos hablar, pero el Gobierno actual tiró al tacho de la basura la Ley de Comunicación y estamos viviendo momentos violentos… horribles. Ahora, los periodistas salen del país porque los amenazan de muerte por sus investigaciones, el Gobierno está en silencio y, con ese silencio, avala y aplaude la situación de los periodistas.

¿Qué le deben los periodistas al Estado ecuatoriano?

Independencia y verdad. No ira, no rencor, no resentimientos, porque a través del periodismo no podemos responder a las taras que tenemos. Y lo más importante: a la gente que se informa a través de nosotros le debemos, sobre todo, responsabilidad y consecuencia.

¿Qué esperas para Ecuador?

Que haya alternativas políticas. Que la política obsoleta termine por completo. Que haya rostros y movimientos nuevos, gente nueva detrás del quehacer político, que todos los ciudadanos podamos hacer política desde nuestros espacios.

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En el fondo de pantalla donde veo a Alondra aparecen cajitas de madera que funcionan como libreros. Allí salta a la vista la obra Rompe la brecha de la activista feminista Norma Cerros. Llevo varios minutos pensando en cómo hacerle una pregunta que sospecho podría incomodarle. Finalmente, me animo y siento que ella la esperaba.

Has interpelado a los feminismos, porque activistas feministas te han atacado, sin reparos, por tu forma de pensar —sobre todo en Twitter y detrás de las pantallas—. ¿Cómo vives tu feminismo? ¿Cómo lo practicas tú?

Qué buena pregunta, me generas conflicto. Es un proceso que me ha sacado muchas lágrimas. Para llegar a decir que soy feminista también pasé por procesos de violencia laboral, de violencia en pareja, donde muchas mujeres maravillosas me acompañaron. Pero, soy feminista y tampoco puedo negar que he visto mucha violencia dentro del movimiento. La cancelación, por ejemplo, hace que nosotras hagamos lo mismo que la sociedad nos ha hecho históricamente y hay mucha cancelación dentro de los movimientos feministas, incluso, hacia otras feministas. Yo no soy una líder, no me considero una evangelizadora del feminismo ni nada de eso, sin embargo, debo decir que ha sido muy doloroso, para mí, sentir que amigas mías, que son feministas, han guardado silencio ante los ataques que he sufrido. Mujeres que, cuando yo reacciono contra la violencia de hombres que me agreden en redes sociales, me dicen que soy violenta.

Entiendo que el feminismo no es homogéneo, que hay muchas aristas, pero en la vida real es muy complicado. El feminismo es lo más maravilloso que me ha pasado, pero, las feministas sí tenemos que hacer una introspección, un mea culpa porque estamos repitiendo los mismos patrones que la sociedad nos ha impuesto. Si me preguntas qué clase de feminismo vivo, no podría decirte; sólo sé que estoy en un proceso de aprendizaje y de saber que quiero apoyar a las demás cuando haya que apoyarlas, pero también decirles las cosas que yo creo no están bien.

¿Cómo el periodismo puede fragmentar la polarización política que tanto daño nos hace?, ¿qué protagonismo tiene este oficio en un contexto de violencia efervescente y de narcoestado?

Creo que el problema, más que el emisor, es el receptor. En una de las transmisiones de Ingobernables yo dije: «soy incoherente y aplaudo mi incoherencia». Me refería a que somos subjetivos, a que somos seres humanos. Si bien es cierto, nosotros como periodistas tenemos la responsabilidad de evitar que haya más odio en la sociedad, pero no somos los responsables de un país. De él deberían encargarse los políticos, el Estado y los gobiernos.

Pienso en Karol Noroña, en Andersson Boscán y en Mónica Velásquez. Hace poco tú decías: «¿en qué momento me tocará a mí salir del país para salvaguardar mi integridad?» Me dio escalofríos y te pregunto: ¿de qué está hecha la chispa que hace que te quedes en un país que ha descargado contigo su xenofobia y su odio?

De personas como tú, creo. A dónde me voy a ir si este es mi país, si cuando salgo a la calle también me encuentro con gente buena que me apoya. Estamos en un momento en el que es difícil ser valiente, porque Karol, Andersson y Mónica tuvieron que irse por hacer su trabajo. Un momento en el que, por ejemplo, un tipo me encontró en la calle y me agredió… y en redes sociales sigo leyendo a gente que dice que me hará lo mismo cuando me vea. Tengo miedo, por supuesto, pero la chispa está en las personas que me quieren y siguen mi trabajo.

Mira… cuando empieza Primera Cita o Ingobernables, se apodera de mí una fuerza que me dice «vamos pa’lante» y, cuando termina el programa, siento una felicidad que no puedo explicarte. Mi chispa son los ecuatorianos, es el Ecuador entero. Mañana probablemente me toque a mí, pero si pudiera regresar, quisiera hacerlo a este país que lo siento mío y no quiero otro.


Lili Berta y Alondra posando para el lente de Túpac Galarza. Cortesía.

Sin modestias falsas: ¿qué le ha dado Alondra Santiago a este país?

Creo que le he entregado toda mi sensibilidad, mi honestidad. Así como tú me ves, soy; no tengo poses y muchas veces cometo errores. Ecuador tiene todo mi cariño y mi amor, lo voy a defender donde quiera que esté; le he dado mi empatía para poder llorar cuando los demás lloran por lo que nos hace la clase política, pero también le he dado mi voz, mi revolución, que es mi discurso, mis pensamientos, por muy buenos o malos que sean…, y este país me ha regalado la posibilidad de hablar.

A los discos rayados, quiero decir, a la gente que se aprendió de memoria las dos frases con las que intentan ofenderte, se los silencia con la música que amamos. ¿Cuál es la canción que te devuelve tu cable a tierra?

Hay varias, todo lo que escucho es izquierdoso. El otro día cantaba «Gracias a la vida» de Violeta Parra, porque en medio de todo, tengo mucho que agradecer. Pero hay otra, que canta Mercedes Sosa, y tiene una partecita que dice: «Y lo que cambió ayer / tendrá que cambiar mañana / así como cambio yo / en esta tierra lejana». Esa frase es la base de mi vida. Soy una mujer que siempre está cambiando, he aprendido a vivir con eso. Quién más que una persona que tuvo que dejar su país para vivir en otro, que tuvo que cambiar sus amigos para acoger a otros. Mi pueblo y mi gente son Cuba y Ecuador, mi constancia y mi fe están en el cambio.

***

De enero a julio de 2023, la Fundación Periodistas Sin Cadenas ha registrado la salida obligatoria del país de 5 periodistas por amenazas contra su vida, además de 188 agresiones a la prensa ecuatoriana. Este es un dato público que no ha ocupado las portadas de los medios de comunicación ni la atención del gobierno actual. Me despido de Alondra, le pido que no se calle; aunque ella y yo sepamos los riesgos que eso implica, también sabemos que las alondras madrugan y siempre están un paso delante de los demás.

Issa Aguilar Jara (Cuenca, Ecuador, 1988). Es periodista, escritora e hinchapelotas como si no hubiese un mañana.

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