Monda & Lironda

REVISTA AZUAYA ESPECIALIZADA EN CRÍTICA CULTURAL Y ESCRITURA CREATIVA

NÚMERO 18

ABRIL 2024 | CUENCA, ECUADOR

Las memorias del 8ymedio dialogan con la ficción de La Pasión de Juana Arcos

Por: Jéssica Zambrano Alvarado

 

Ilustraciones de La Pasión de Juana Arcos, 8 historias del 8. Cortesía.

La Pasión de Juana Arcos, 8 historias del 8 es un objeto fílmico del artista visual Miguel Alvear que, ante la insuficiencia recurrente de recursos en el mundo del cine ecuatoriano, está en la primera etapa de su desarrollo, en aquella que Alexis Moreano describe como la más bella, la del club de las películas que faltan por hacer. Por esto, esta publicación es una película que puede leerse, una en la que se pueden encontrar señales de una realidad no contada o, al menos, una que pocos recuerdan: los arrebatos y paradojas de hacer gestión cultural en un país como Ecuador.

Este libro, dividido en ocho relatos, dialoga perfectamente con la historia del 8ymedio, un proyecto de cine de barrio que nació hace veinticinco años, con un anteproyecto en el barrio La Floresta, en Quito, dirigido por Mariana Andrade y compartido con otros tantos cineastas que creyeron en la idea de que el cine debía tener un lugar «más allá del mall». En el grupo de sus gestores culturales están aquellos que buscan un cine que no necesariamente sea para la complacencia de las masas, pero también creen en que hay un futuro para todos aquellos espacios que fueron cine en el pasado y que terminaron cooptados por la maquinaria que las iglesias evangélicas usan para la difusión de su mensaje.

Como sabrán algunos de los lectores de esta revista, el proyecto, poco a poco, se expandió a otras ciudades, pero, tal vez, para explicar la narrativa del cierre de algunas de sus salas icónicas, como las de Guayaquil y Manta, sea conveniente regresar a la ficción. Los proyectos de cine que en los relatos de Alvear son propuestos por el Felina, en el barrio Vizcaya, fueron suspendidos por un morlaco, el Gato con Botas, un ministro que en algún momento no tuvo trabajo, sino hasta que la necesidad de los artistas le construyeron el propio. Todo se colgó por orden del mismísimo presidente de los forajides, a través de su teléfono rojo.

Las ocho historias que propone Alvear resultan en lecturas que se intercalan con sus procesos creativos, un storyboard, referencias neoclásicas, guiones por terminar, fotografías pandémicas de un cine en abandono, ilustraciones y clásicos que le dan al cine un retorno a la estructura de las tragedias, porque, como dice el Blanco —quien quiere ayudar al Negro, uno de los protagonistas del cine Felina, en la construcción de una gran película— «toda historia [necesita] exposición, punto de giro, desarrollo, segundo punto de giro, clímax, resolución, the end» (Alvear, 2023) .

Los personajes que encontramos son Juana Arcos, exmilitante comunista, ahora gerente del cine y su más férrea gestora; el Negro Robles, compañero de Juana, exbailarín y director del sorprendente Festival Botas de la Danza, quien siempre ha soñado con crear una película fuera del canon y, en el libro, recibe el encargo para hacerlo directo de Fantaso. Además, en el libro aparecen una y otra vez Cuica, la proyeccionista; Guatita, un programador capaz de encontrar los mejores títulos; Hulk, ministro de cultura; Trompeta, el matón del barrio; un presidente aclamado por las masas y por sus tecnócratas; y otros más asiduos del cine Felina.

El Felina es siempre un cine en sobrevivencia

Juana y el Negro llegan al Felina durante la pandemia. Cortesía.

La serie que Miguel Alvear propone en el libro comienza en la pandemia. En una exploración al cine que fue abandonado ante la expansión de una enfermedad desconocida que nos dejó sin saber cómo saludar y, a los cines de barrio, como el Felina, con la desazón de que no volvería a haber encuentros para los cinéfilos.

Un día, Juana y el Negro deciden volver a la sala en la que lloraron con los personajes de sus películas favoritas y en la que creyeron que estos lloraban con ellos. Allí, en medio de la incertidumbre y la necesidad de volver a levantar un proyecto que les permita sostener una comunidad, idean algo que parece ser una campaña para recaudar fondos.

Con el tiempo, el pequeño cine de barrio se dio a conocer en la ciudad y más allá del mall. A pesar de todos los pronósticos que auguraban su fracaso (la crisis económica, la TV, la inestabilidad política, la piratería, el DVD y luego el streaming), ahí está, en el barrio La Jungla, con la misma pantalla, la misma máquina de hacer café, los mismos afiches de cine europeo en sus paredes. Casi quebrado desde sus inicios, eso sí, pero sigue ahí. Juana Arcos, exmilitante comunista, ahora gerente del cine, dejó la dialéctica y las bombas molotov, por las bombas de cabernet sauvignon y la militancia cultural. Con la misma tenacidad y pasión con la que ascendió meteóricamente en las estructuras del partido («por la revolución todo, por el individualismo nada»), ahora enfrenta una guerra cultural de guerrillas, con burócratas, empresarios ambiciosos, urbanistas posmodernos, artistas resentidos, vecinos seguidores de Trump; en fin, una rebelión que nunca acaba —como la de la otra Juana—, por el cine de barrio, el cine independiente. (Alvear, 2023)

Los personajes del Felina se imaginan que no volverá a haber cine y que será necesario llenar los asientos con maniquíes, para mantener la distancia debida y evitar los contagios.

Ante un panorama inesperado que los hace pensar en el fracaso, Alvear recapitula cuántas cosas realmente enfrentó el Felina para seguir de pie ante una pandemia. Así aparecen, uno a uno, los personajes que llegaron a amedrentar a los gestores del cine, a los cineastas convictos; aparecen los políticos que los hicieron entonar en coro «Patria», para negociar, en su propia casa, posibles ayudas para el cine, sus películas y proyectos, todo esto, en lugar de generar una política con financiamiento.

Así surge el llamado de Fantaso al Negro, quien le entrega la misión divina de realizar una película, para la cual busca el soporte financiero del Duque del barrio, la guía del Blanco y la paciencia de Juana Arcos. Contra todo pronóstico, la película se hace y, aunque no recibe los resultados que piden las mediciones capitalistas para las producciones cinematográficas de gran taquilla, recibe buenos comentarios de la crítica especializada.

El Negro nos propone una película exuberante, de fantasía, onírica, una que opera según las normas de los sueños; es decir, sin lógica ni técnica narrativa. ¿Hay lugar para una película así en el mundo? Claro que sí. Hay seguidores de películas extrañas que se salen de la norma, que con el tiempo se vuelven películas de culto. Pero, como me han dejado claro Juana y el Duque, el Felina se ha propuesto hacer una película comercial, que genere ingresos. (Alvear, 2023)

La gestión cultural va a las arenas de Twitter, en busca de emociones fuertes que ponen en entredicho lo que se hace, la política partidista de extremos y la posibilidad de defender ciertas convicciones feministas, ante un ministro maltratador de mujeres. Por aquellos ataques, la protagonista decide que, algún día, publicará en La Gaceta Felina las memorias de su época militante, «con nombres y apellidos, y al que le calce el guante que se lo chante» (Alvear, 2023).

Ritual de sangre en el museo de la ciudad. Cortesía.

Seguramente, muchos de ustedes ya atinaron a los nombres con los que dialoga esta ficción de Miguel Alvear. Para Mariana Andrade, la verdadera fundadora del 8ymedio, Miguel ha sido un observador silencioso de las memorias del cine de barrio. Cuando todo parecía haber acabado, Mariana le propuso hacer un libro que conmemorara la vida de este proyecto cultural que se ha enfrentado con políticos, urbanistas, fantasmas y gente que no cree en la cultura del barrio. Recapitularon las escenas que vivieron juntos, las anécdotas que no se han contado y Alvear sostuvo su tarea con la memoria.

Para Miguel, Mariana siempre ha sido una Juana de Arcos, «porque con su espada quiere someter a la realidad». Para Mariana tener un cine de barrio te hace ser un objeto de atención, de rechazo, de cariño. En todas las ciudades hay un Puko y Puka, un Donald Trump, una Hillary Clinton. Este libro tiene como propósito mostrar las costuras del cine y en el camino nos cuenta las paradojas de la gestión cultural que, a decir de Mariana, sobreviven a cualquier gobierno.

Este libro comenzó su gira de estreno en Guayaquil, la ciudad en la que ha truncado su retorno. Irá por Manta, Quito y en Cuenca se presentará el 27 de septiembre de este año. Si el cine de barrio sobrevivió a la pandemia, tal vez, esta vez, al Felina le alcance para expandirse nuevamente, más allá del puerto, más allá del mall.

Jéssica Zambrano Alvarado. Periodista, docente, cofundadora de Indómita Media. Fue editora y redactora de la sección Arte y Cultura de diario El Telégrafo y la última editora de la revista cultural Cartón Piedra.

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