Monda & Lironda

REVISTA AZUAYA ESPECIALIZADA EN CRÍTICA CULTURAL Y ESCRITURA CREATIVA

NÚMERO 18

ABRIL 2024 | CUENCA, ECUADOR

Aftersun: habitando la intimidad desde la memoria de la infancia

Por: Mariam Ibarra

 

Fotograma de Aftersun. Imagen libre de derechos intervenida por Juan Contreras. Cortesía.

Aftersun nos convoca a hablar de cine, pero también de la vida. Es una de esas películas que, asidas por la ficción, son capaces de detonarlo todo. Hablar de este filme del 2022, dirigido por Charlotte Wells, es hablar de cómo, desde el cine, podemos habitar la intimidad y cómo esto deviene esencial a la hora de pensar cómo nos relacionamos con las imágenes de la pantalla. Hay tres puntos claves para abordar este largometraje: la infancia, la paternidad temprana y la memoria que perdura para hacerse habitable en la adultez; todos estos representados, a su vez, por la niña, el padre y los dispositivos del recuerdo.

Aftersun es un largometraje de ficción que sigue las vacaciones de Sophie, una niña de once años, y de su padre Calum, en Turquía, desde los recuerdos de una Sophie adulta que intenta reconstruir el viaje. Es, como todas las historias que piensan y retratan el pasado, una película lenta, pero muy bien pensada. Aunque accedemos a un recuerdo simple, el de unas vacaciones, este aparece deteriorado por la ausencia. Estamos, así, frente a una memoria humana, frágil y con agujeros, una que conduce a la pérdida y que está representada a la perfección.

Los recuerdos de la vida y la infancia, los cancioneros que también configuraron nuestra educación sentimental, el objetuario de una época/generación muy cercana nos llevan a pensar en una intimidad que nos es inherente y que podemos o no compartir con un otro. Pienso, ¿quién no tiene memorias dispersas con sus padres (divorciados)?, ¿recuerdos dislocados sobre su infancia? Buenas o malas, inventadas o reales, de alguna manera, todos las tenemos. En Aftersun, la intimidad de los personajes se habita en dos sentidos: uno compartido y otro espectado. El primero nos sitúa en la posibilidad de encontrarnos en la representación de lo personal que no es ajena para nosotros: podemos reconocernos en las memorias de la niña. El segundo, por su parte, determina la habitabilidad en el hecho de mostrar un acto y nuestra asistencia al mismo. En esta película todos, aunque no queramos, volvemos de alguna manera a ser niños.

Charlotte Wells ya pensaba a Aftersun como una historia «emocionalmente autobiográfica». Claro, la película no documenta su archivo personal, pero si lo refigura, sobre todo, afectivamente. Hay un desdoblamiento del personaje-directora muy interesante, en el que Wells decide hacer habitable su memoria, desde los abordajes de la ficción. El recuerdo como detonante para la ficción puede dinamitar una narrativa que se encuentra siempre al borde de nuestras propias evocaciones.

Memoria-infancia-padre

Como lo mencioné anteriormente, hay tres puntos claves para abordar Aftersun: la infancia, la paternidad temprana y la memoria. La infancia, o lo que llamo memoria-infancia, es un momento fundamental para entender la película, porque de alguna manera todo ocurre a partir de ella. Sophie intenta recordarse con once años, de vacaciones al lado de su padre, pero él, al igual que esas vacaciones, son un recuerdo frágil que se ha ido deteriorando con el tiempo. La memoria-padre, una hecha a partir de retazos de una imagen, se construye en su mayoría a partir de planos muy íntimos de Calum, gran parte de ellos de espalda a la cámara, lo que de alguna manera da indicios de que Sophie ya no lo recuerda enteramente. Una vez más la expresión de la pérdida se representa: la del padre y la de la memoria.

Fotograma de Aftersun. Imagen libre de derechos intervenida por Juan Contreras. Cortesía.

Hay algo muy complejo en la memoria-padre. Calum es un padre joven, pero también deprimido. Esto podría revisarse desde una paternidad temprana y las incidencias identitarias, afectivas y emocionales de su personalidad. En este último recuerdo de Sophie, Calum está perdiéndose y difuminándose. Los dispositivos de la memoria, como cámaras fotográficas y de video, al igual que las Polaroid, se vuelven testigos en la conformación de los recuerdos de Sophie. Son objetos que documentan y testifican, pero que solo muestran una imagen/memoria parcial; lo que se recuerda no es necesariamente lo que se ve en esos videos caseros de las vacaciones. El filme es precisamente eso: un recuerdo con agujeros, fragmentado, roto.

Últimos apuntes sobre Aftersun

Esta no es una película necesariamente triste, sin embargo, es profundamente desgarradora. El tema de la infancia y la memoria como eje central nos hace pensar en nuestra propia niñez, asistimos así a un espacio que hace mucho tiempo dejamos de habitar, pero también a algo más grande: a destruir la noción de la infancia como algo genuinamente feliz. El abandono, la muerte, la pérdida y sus consecuencias también las viven los niños. En Aftersun presenciamos una infancia que se desarrolla a la par de la depresión de un padre que eventualmente desaparece y se ve sumido en su propia destrucción. La niña que crece no puede salvarlo, pero lo rememora o, al menos, lo intenta. Este es un largometraje magnífico que se traza desde el recuerdo y los espacios cercanos y habitables que nos llevan a pensar en nuestra niñez, en la soledad de crecer, en el abandono y la pérdida de un memento que no se recupera más que en la memoria. Cuando termina el filme, inevitablemente, todos estamos llorando. Vulnerables, frágiles, como niños; el desgarro perdura, como la infancia, para toda la vida.

Mariam Ibarra (Cuba, 2001). Es licenciada en Literatura por la Universidad de las Artes. Fue editora en la revista Preliminar (colección Docentes) y asistente editorial de la revista F-ILIA: Políticas y poéticas en tiempos de crisis: violencias, revuelta social y prácticas artísticas. Actualmente es parte del grupo de investigación Libre Libro: laboratorio experimental y colaborativo de investigación interdisciplinaria sobre lecturas y prácticas editoriales. Entre sus intereses de investigación destacan: periodismo cultural, diálogos y políticas editoriales entre América del Sur y el Caribe, así como biodrama y teatro documental.

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