Trópicos infranqueables
Por: Rodrigo Sempértegui Moscoso

Fotografía cortesía de Rosalía Vázquez Moreno.
Las luces de la feria son una aurora boreal en la ciudad,
vibran sobre el empedrado como si el cielo hubiera bajado al parque,
iluminan las aguas del río Tarqui,
reflejan tu mirada tierna que no puedo sostener.
Cada disparo en los juegos rasga el frágil velo de esta relación.
Igual que el premio colgado en los anaqueles,
soy esquivo; no puedes ganarme tan fácilmente.
Recorremos tu Atenas, tan diferente a la mía.
Donde yo piso piedra, tú recoges símbolos.
Lo que en mí es ruina, en ti es fe.
Donde hay gritos, tú encuentras pensamiento.
Donde todo me abruma, tú ves celebración.
Y, sin embargo, reímos.
Quisiera que esta experiencia me redimiera.
Sabemos que las luces no son eternas,
pasada la temporada, desaparecerán,
al igual que tu poder de persuasión cede ante la realidad.
Es una instantánea elusiva que marca el recuerdo de esta noche:
cuenta una historia,
aunque al ver la luz que emana de Turi, ya canta otra versión.
Tú eres la aurora del norte.
Yo, las luces difusas del sur.
Destinados a estar separados,
en trópicos que no se tocan.
Amantes en las vías de un tranvía que no se detiene.
Los días transcurren melancólicos por tus calles adoquinadas.
Tomamos estaciones distintas, sin oportunidad de reencuentro.
El eco de las luces ya se diluye en los cuatro ríos.
Somos, de nuevo, dos extraños bajo las mismas cúpulas,
ubicados siempre en latitudes desiguales.
Rodrigo Sempértegui Moscoso (Cuenca, Ecuador, 1993). Es escritor amateur, médico de profesión y lector apasionado, se interesa en la poesía que explora las relaciones humanas, la ciudad y la identidad. Ha participado en varios proyectos creativos independientes.