Monda & Lironda

REVISTA AZUAYA ESPECIALIZADA EN CRÍTICA CULTURAL Y ESCRITURA CREATIVA

NÚMERO 33

AGOSTO 2026 | CUENCA, ECUADOR

Carta para Wladimir Chávez Vaca

Cuenca, 26 de agosto de 2025

Espero que esta carta lo encuentre bien. Me presento, mi nombre es Maite, tengo dieciocho años. Trato de leer siempre que tengo oportunidad, me gusta debatir y escuchar música para casi todo, principalmente pop en inglés. Diría que soy fan de las letras como forma de expresión y que me encantan los libros. Así que quisiera hablar sobre el suyo, La intérprete de Hiroshima.

Creo que logró retratar, de una manera demasiado real, lo que es ser humano. Muchas ocasiones, nos sentimos invencibles, en el centro del mundo, la especie más inteligente. Cuando, en realidad, somos niños que no terminan de entender lo que pasa a su alrededor («así éramos los seres humanos, capaces de ignorar la tragedia solo para mantener la rutina, para seguir sobreviviendo y amando a nuestro modo, creándonos un mundo propio»). Creo que, por eso, catalogamos el episodio nuclear como un momento histórico de vergüenza colectiva, lo que ha llevado al olvido y a que muchos desconozcamos la magnitud de estas armas.

Sin embargo, nuestra capacidad de empatizar y de querer son abrumadoramente más grandes que la ignorancia y el desinterés. Dentro de este libro, hay palabras japonesas que, a mi parecer, tienen alma. Una de las que más me gustó es hanami: tradición de observar y disfrutar de la belleza de las flores de cerezo. Me parece que el darle nombre e intención a esta clase de cosas es lo que nos sostiene como humanidad. Me pregunto si somos capaces de sentir empatía por los buenos momentos, ¿podemos hacerlo también por los malos? La respuesta es sí, pero somos niños asustados. Si esta sociedad no ha colapsado, es por esos esfuerzos de empatía y respeto que existen, en diferentes medidas, alrededor de todas las historias que forman esta caótica comunidad en la que vivimos.

Disfruté mucho su libro y agradezco la oportunidad de haberlo leído, la Segunda Guerra Mundial es uno de los momentos históricos que más me ha intrigado. Hace tres años, empecé a consumir la cultura del manga y el anime, y algo que puedo rescatar de estas historias es que mantienen la esperanza, el no rendirse y seguir luchando. Así como esas historias, La intérprete de Hiroshima me permitió entender y ver una faceta distinta del ser humano durante ese conflicto. Le agradezco por tocar temas que nos incomodan y, a todas las personas cuyas vivencias se plasmaron aquí, porque sus cicatrices no sean olvidadas, sino reconstruidas. Por muy profundas y dolorosas que estas sean, evitar que alguien más pase por aquello, los hace luchar, día tras día.

Uno de mis pasajes favoritos ocurre cuando Fumie descubre que está embarazada y se menciona: «Rompió en llanto, preguntándose si el corazón podría paralizarse de felicidad, como le ocurría en ese instante, y no solo de miedo como había pasado en ese verano infernal de 1945». Creo que es uno de los momentos cuando se entiende cómo esa bomba, además de daños físicos y estructurales, caló profundamente en la mente de los hibakusha, y cómo, a pesar de eso, siguieron adelante.

Hay mucho más simbolismo y frases de las que me encantaría hablarle. Sin embargo, esto ya quedó bastante largo. Cerraré con una frase más: «Nunca entenderé de dónde sacamos fuerza para resistir. Será nuestra naturaleza, digo yo: El ser humano frente a una enfermedad terminal, el ser humano en su lucha contra el sistema totalitario, el ser humano contra las fuerzas de la naturaleza. Parecen batallas perdidas, pero estamos al pie del cañón».

El ser humano es sorprendente, a veces de manera aterradora, pero también de formas fascinantes. Creo que nunca llegaré a entendernos completamente, pero, mientras tanto, seguiré asombrándome, tratando de incomodarme y de poner mi granito de arena en esta caótica sociedad.

Wladimir, espero su respuesta, así como si tiene alguna recomendación de libros, canciones o películas, tal vez, alguno de Kenzaburo Oé.

Att: Maite Lucero Cabezas

Querida Maite,

Muchas gracias por tu carta, me ha conmovido profundamente. Es un privilegio saber que La intérprete de Hiroshima ha resonado contigo de esta manera. También me alegra mucho saber que en tu generación se habla y se enseña sobre la Segunda Guerra Mundial. Cuando yo estaba en el colegio (de eso ya hace muchos años, en la década de los noventa), ese tema apenas se tocaba. Como ya sabes, se trata de algo sensible y me alegra que tú lo entiendas desde una perspectiva humana y empática. Como autor, me emociona que una lectora como tú se haya conectado con las acciones de los personajes, pero sobre todo que haya hecho suya esa sensación de esperanza que a veces dejan los hibakusha en sus testimonios.

Gracias también por contarme algo sobre tus gustos. Escuchar música pop puede ser una herramienta maravillosa para conectarse con las emociones. A veces, en mis clases en Noruega, utilizo canciones latinoamericanas y les pido a los estudiantes que las analicen como poemas. En las palabras encontramos amor, consuelo, denuncia… Todo un abanico de sensaciones y de sentimientos. Escuchar música y leer, en general, son de las mejores cosas que podemos hacer para nuestra mente y nuestro corazón: nos ayudan a comprender mejor el mundo, a comprendernos a nosotros mismos y a desarrollar esa empatía que tanto (y tan bien) has mencionado en tu carta. En mi caso, la literatura ayuda directamente a mi salud mental. Cuando me siento triste o deprimido, leo y escribo. Otras personas, cuando se sienten tristes, se refugian en hábitos que tal vez no sean muy sanos. La lectura y la escritura me han salvado de problemas mayores. 

A propósito de tu interés en los mangas japoneses, quiero contarte que leí Akira hace unos años y también vi la película. Me gusta porque tiene una estética y una historia que nos confronta con el caos y la fragilidad humana. Curiosamente, tiene algo de esa misma intensidad que tú mencionas en tu carta y que, generosamente, has encontrado en mi novela: el deseo de no rendirse, de seguir luchando. Y ya que estamos hablando de temas históricos y humanos, te recomiendo leer Maus, de Art Spiegelman. Es una novela gráfica que narra la historia del Holocausto a través de una representación simbólica (los judíos como ratones, los nazis como gatos, los polacos como chanchos), pero con mucha profundidad emocional. Es otra de esas obras que nos incomodan. Pero como sabes, justamente esa incomodidad nos ayuda a reflexionar y a no olvidarnos de los errores y horrores del pasado (¡lo cual es muy, muy importante!). Al fin y al cabo, los hibakusha que menciono en mi novela también nos enseñan que mantener viva la memoria es una forma de lucha.

Finalmente, y ya que te referiste a Kenzaburō Ōe en tu carta, me gustaría recomendarte su novela Una cuestión personal. Es una obra sobre el conflicto interior de un hombre ante la paternidad. Y si te interesa seguir explorando la literatura japonesa, te recomiendo los cuentos de Osamu Dazai. Tiene un estilo melancólico, supongo que porque tuvo una vida intensa y trágica. Hace dos años tuve la oportunidad de visitar su tumba en Mitaka, Japón. 

Seguiremos en contacto. ¡Gracias por ser una lectora tan atenta y por compartir tus pensamientos!

Un saludo desde el norte del mundo,

Wladimir

Wladimir Chávez Vaca (Quito, 1977). Ha publicado obras como: En el corazón del silencio (2015), El olor de las flores quemadas (2019) o La intérprete de Hiroshima (2025). Obtuvo su licenciatura de Comunicación y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, además, ha estudiado en las universidades de Bergen (Noruega), Arhus (Dinamarca), Newcastle (Inglaterra) y de Nueva York (EE. UU.). Actualmente es profesor en la cátedra de Literatura y Cultura en el Colegio Universitario de Ostfold. Artículos suyos han sido publicados en Dialogía, Revista Caracteres, Variaciones Borges e Iberoromania.

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