Monda & Lironda

REVISTA AZUAYA ESPECIALIZADA EN CRÍTICA CULTURAL Y ESCRITURA CREATIVA

NÚMERO 33

AGOSTO 2026 | CUENCA, ECUADOR

TV: mi vieja mula ya no es lo que era

De pequeños, nos levantábamos temprano para sintonizar dibujos animados. De adolescentes, grabábamos videoclips en un VHS. Estuvimos, como nuestros padres y abuelos, atentos a la telenovela del horario estelar —mexicana, colombiana, venezolana, brasileña, ecuatoriana, turca; las vimos todas, aunque digamos que no—. Vimos Mis adorables entenados, A todo dar, Solteros sin compromiso, Historias personales, Popstars y MasterChef; pero también, en vivo, a Lucio Gutiérrez huir en un helicóptero; las manifestaciones de octubre de 2019; a Richard Carapaz y a Neisi Dajomes ganar medallas olímpicas. Con las manos nos cubrimos la boca al ver las noticias sobre los muertos por el covid, por las masacres carcelarias, por la escalada de la violencia y la crisis. Por eso, para nuestra vigésimo octava edición, quisimos hablar de la televisión.

Abrimos este número con una Crítica Cultural en la que José Boroto nos cuenta sobre su infancia y los aprendizajes que le dejaron He-Man y la convivencia colectiva frente a la pantalla. Por otro lado, para la entrevista de este mes, nos juntamos con la periodista manabita Carolina Mella, para hablar del periodismo que se transmite en el contexto de un Ecuador violento y aterrado. En Academia Disidente, Hugo Benavides reivindica el poder de las telenovelas para delatar nuestros deseos; mientras, en Plataformas Digitales, Valeria Guzmán analiza el loop que nos ha hecho ir de La Cenicienta a María la del Barrio y a La doble vida de mi esposo multimillonario. En Literatura, Juan Fernando Bermeo presenta la historia de Rogelio y el «santuario» donde intentará cruzar el límite de las pantallas que lo rodean. Finalmente, en Infancias, inauguramos la participación de lectores adolescentes con la carta que Maite Lucero Cabezas le escribe a Wladimir Chávez Vaca, autor de La intérprete de Hiroshima, otro lanzamiento infanto-juvenil de la Sede Nacional de la Casa de las Culturas (2025).

En esta edición nuestros colaboradores exploraron la programación pasada y presente para hablar de la nostalgia por los shows que nos formaron, pero también de la necesidad de cultivar experiencias colectivas que nos interpelen. En palabras de José Boroto: «Tal vez, no era mejor. Tal vez, nunca fue tan buena. Pero era nuestra. Y eso basta para defenderla, como si hubiera sido el último gran milagro cultural de nuestra generación». ¡Pasen a leer!

Monda & Lironda de la CCE Azuay

Ilustración de Virginia Cordero, intervenida por Juan Contreras.

CRÍTICA CULTURAL

Ahora me descubro diciendo que extraño la tele de antes. Pero, si me esfuerzo, ni siquiera recuerdo qué ocurrió exactamente. ¿Fue en Plaza Sésamo donde aprendí a contar o fue Don Francisco con sus concursos? ¿Aprendí sobre química con Beakman o quemando papelitos en el patio, como todo guambra majadero[…]? No importa, lo que extraño no es el contenido, sino la sensación de que todos veíamos lo mismo, al mismo tiempo, de que virtualmente estábamos juntos.

Antes, salías y te decían: “Yo tengo algo que decir, señorita, grábeme”. Eso ya no sucede. Es probable que nosotros estemos amplificando el miedo […]. Sin embargo, es necesario contar todo lo que está ocurriendo y ese miedo también es real. El problema aparece cuando la política lo usa para otros fines. Estamos enfrentando un escenario de discurso político muy problemático y el miedo no es nuestro amigo, porque nos está sacando valentía

Las telenovelas nos han ofrecido algo que nos ha eludido fantásticamente en las últimas décadas: un claro paradigma entre el bien y el mal. A diferencia de lo que nos toca vivir a diario en Ecuador, estas producciones sí nos dejan entrever quiénes son los malos y quiénes los buenos. […] Todo esto hace que la telenovela nos presente […] un mundo más manejable, opuesto al que nos ha tocado vivir este primer cuarto de siglo en el país.

Entonces, llegó la más grande de sus obsesiones: «el santuario», como empezó a llamar a su habitación, la que estaba amueblada con decenas de televisores apilados sin orden aparente, todos enchufados y mostrando imágenes de diferentes épocas. Era como un zapping entre programas viejos de variedades, telenovelas en blanco y negro, dibujos animados pixelados y anuncios publicitarios que ahora parecen de un tiempo demasiado lejano. La luz tenue de las pantallas iluminaba su rostro con reflejos cálidos, un poco hipnóticos. Un lugar sin ventanas, sin señal, sin tiempo.

Sobredosis de TV
por: Juan Fernando Bermeo P.

PLATAFORMAS DIGITALES

De tal modo, el melodrama no se crea ni se destruye, solamente se transforma. Ahora ya no necesitamos esperar, para sentarnos frente a la TV y que se detenga el mundo por el reprise del final de La usurpadora. Cambiarán los medios, pero algunos discursos seguirán siendo los mismos porque son efectivos […]. No verás los 335 capítulos de Yo soy Betty, la fea, pero devorarás las 2 horas —distribuidas en 35 capítulos— de La doble vida de mi esposo multimillonario.

«Me pregunto: si somos capaces de sentir empatía por los buenos momentos, ¿podemos hacerlo también por los malos? La respuesta es sí, pero somos niños asustados. Si esta sociedad no ha colapsado, es por esos esfuerzos de empatía y respeto que existen, en diferentes medidas, alrededor de todas las historias».

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