Monda & Lironda

REVISTA AZUAYA ESPECIALIZADA EN CRÍTICA CULTURAL Y ESCRITURA CREATIVA

NÚMERO 33

AGOSTO 2026 | CUENCA, ECUADOR

Germán Gacio Baquiola: «Me consterna la pasividad del sector, porque solo se mueve cuando le tocan el culo, cuando le tocan la billetera»

Por: Eduardo Varas C.

Germán Gacio Baquiola es un editor, librero y gestor cultural argentino, radicado en Cuenca, Ecuador, desde 2014. Fotografía de Jaime Villavicencio.

El editor argentino reaparece luego de varios meses de silencio y expone su perspectiva alrededor del ecosistema editorial del país en esta entrevista en la que no se guarda nada.

En junio de 2024, en la Feria Internacional del Libro de Quito, Germán Gacio Baquiola anunció lo que hoy define como «el fin de una era», en otras palabras: dejó de hacer lo que estaba haciendo, tanto con La Caída Editorial y la librería Palier Café Libro, en Cuenca. Fue un momento complejo, Gacio había dicho y hecho cosas que, en ese tiempo, le ganaron el rechazo de una buena parte del sector del libro. Su «desaparición», se puede deducir, fue necesaria para llegar a este punto en el que dice que está más sano y que se mueve de acuerdo a una «filosofía de vida que empecé a adoptar por problemas de salud, que tiene que ver con la vida lenta». Hoy vive entre Argentina y Ecuador, y está enfocado en seguir publicando —esta vez traducciones—, pero con la meta de sacar solo tres libros al año.

Ahí —dice— hay algo político: «¿Para qué seguir publicando tanto si no se tiene público? Si realmente voy a vender menos de 12 ejemplares, porque si en España el 50 % de la producción vende menos de 12 ejemplares, ¿para qué estamos trabajando? Creo que también es una postura política decir: “Voy a publicar tres libros al año”».

Gacio Baquiola nació en Buenos Aires, en 1985, y cuenta con casi 20 años de experiencia en el ecosistema del libro. En 2007, inició la editorial Nulu Bonsai en su país natal. Luego, arrancó su proyecto Corredor Sur Editores, «una especie de librería itinerante, que iba desde México hasta la Patagonia». Con ella viajó, de 2010 a 2014, por varios países y ferias del libro, para establecer contactos y relaciones. En 2014, se radicó en Cuenca y abrió una librería, ahí continuó con el trabajo de La Caída, editorial que había creado un año antes.

Hoy es otro momento para él. Hay tranquilidad cuando habla, pero eso no significa que no tiene nada que decir. En realidad, es todo lo contrario.

Llegaste a Ecuador en un momento que se puede entender como incipiente para las editoriales independientes del país. Viéndolo en retrospectiva, ¿cómo procesas hoy la esperanza de entonces, cuando se pensaba que se podía hacer de todo para generar un ecosistema editorial fuerte?

No me arrepiento en lo absoluto de la decisión de venir. Hay un montón de momentos o de cosas truncadas que estaría bueno que hubieran sido distintas. Pero, realmente, el haber sido parte de ese momento incipiente y de esa efervescencia fue una experiencia súper linda y que obviamente valoro mucho. Y la tengo ahí en el cofre de cosas increíbles, porque ya nos estamos poniendo viejos y, cuando pienso que en 2027 cumpliré 20 años en el mundo editorial —que es básicamente la mitad de mi vida—, pienso bastante en lo que estuve haciendo.

Para sacar una conclusión de si estuvo bien o mal, ¿no?

Claro, te preguntás eso. Y como este oficio es una cuestión de supervivencia constante, muy pocas veces uno puede parar y decir: «A ver, voy a reflexionar un poco de qué estuvo pasando todo este tiempo». Así que hace más o menos un año y pico, cuando hice como mi retirada de todo lo que tenía que ver con luchas políticas, y un poco puse un freno por temas de salud, empecé a sentirme orgulloso de ciertas cosas. Igual, puede sonar muy pedante; pero, en el día a día, no siempre puedes hacer ese clic.

La librería Palier Café Libro y editorial La Caída son dos proyectos que Germán Gacio Baquiola ha germinado en Ecuador. Fotografía de Jaime Villavicencio.

¿Se siente hoy un retroceso frente a lo que pasaba hace casi quince años?

Veo que desde el año pasado existe un retroceso que, obviamente, tiene que ver con cuestiones de macropolítica, ¿no? Pero también tiene que ver mucho con cierta inhabilidad y pasividad del sector, lo que es bastante alarmante. Esto lo trato bastante en terapia: tengo este sentimiento que es cercano a lo cínico, porque veo las cosas desde este retiro. No es que me haya jubilado, porque tengo que comer, pero de algún modo me jubilé de la lucha. Pienso: «Loco, hay que agarrar de nuevo la metralleta y es el momento justo para pelear…», y por eso me siento cínico, porque no lo voy a hacer.

¿Es mejor estar lejos de la pelea?

Te da tiempo para meditar sobre por qué no estás ahí, justamente, en el frente de batalla. Eso te ayuda al autorreconocimiento. Me guardo un poco también para poder construirme y no abandonarlo todo.

¿Cuál crees que ha sido uno de los problemas más recurrentes en el sector?

Hay una desinformación que tiene que ver con la falta de estadísticas. No es nada nuevo, pero es algo por lo que muy pocas veces se luchó o se lucha. Y es bueno tener estadísticas, porque con base en eso vos podés plantear ciertas luchas o ciertos cambios posibles. Existen metodologías incompletas, datos muy parciales sobre la realidad. Por ejemplo, está el informe que saca la Cámara Ecuatoriana del Libro; el de 2024 porque creo que el de 2025 todavía no lo han presentado… y mirá que ya estamos a mitad de año y no lo tenemos. Igual, los datos de la Cámara del Libro siempre fueron parciales y no muy útiles.

¿A qué te refieres?

Son datos que arroja el ISBN, significan que alguien quiso sacar un libro y pudo crear su propia editorial. Pero son datos que no sirven mucho, Ecuador ha crecido estos últimos años, pero de forma porcentual, nominalmente no. Hay unas 50 editoriales nuevas. Digo, ese dato también es raro, porque ni vos ni yo conocemos a esas 50. Y, después, el aumento en la cantidad de ejemplares es un dato que tampoco tomo muy en serio, porque cuando uno desglosa el tema de la publicación, se ve que más de la mitad de los títulos publicados están en formato digital y de estos, el 85 % son PDF, no son ebooks. Más del 85 % de los títulos son publicados por instituciones públicas y universidades, lo cual deja un 15 % de autopublicaciones o editoriales que no son empresas jurídicas.

¿Dices que estos datos no reflejarían la realidad?

Pero igual, es interesante pensar que el 15 % de esos ejemplares son autopublicados o publicados por editoriales, cuando hace 10 o 5 años era el 5 %. Hay cosas que muestran el crecimiento exponencial que ha tenido Ecuador en los últimos años, pero que permiten ver el centralismo brutal que hay. Pichincha publica 4 veces más que Guayas y 8 veces más que Azuay.

«Hice mi retirada de todo lo que tenía que ver con luchas políticas y puse un freno por temas de salud», dice Germán Gacio Baquiola. Fotografía de Jaime Villavicencio.

¿Y cómo ves el acceso a libros en Ecuador?

Hay un desborde de publicaciones y no hay canales de venta, entonces, no hay lectores. El informe de la Cámara del Libro arroja que solamente el 15 % de lo producido termina en el mercado formal del libro, en el sistema de librerías. Ahora, de lo que se vende ahí, no tenemos datos. Pero, pongamos: de una producción de 500 ejemplares, unos 65 libros van a la cadena formal de librerías. Ahora, ¿cuál es la cuota nacional en una librería, comparada con libros importados? Debe ser menos del 10 %. ¿Y cuánto vendés? Si de un tiraje de 500, 65 terminan en librería y ponele que vendés la mitad: vendés 30. Entonces, ¿realmente todo lo que se produce llega al lector? No, claramente no. Ahí está la gran fractura de estos datos.

¿Qué hay de la política pública alrededor del fomento al libro?

Hace 15 años no existía ningún tipo de política pública, en estos últimos años ha ido apareciendo y se han generado mecanismos y cuestiones interesantes. Pero son luchas y conquistas del sector, no es que aparecieron de la nada. Como, por ejemplo, que en la Feria Internacional del Libro de Quito los stands sean gratuitos para los independientes. Eso no funcionaba así, pasó algo para que eso sucediera. En el caso de la internacionalización de las ferias, funcionaba de un modo completamente mafioso, entre el Ministerio de Cultura y la Cámara del Libro: el Ministerio pagaba horrores de plata para que la Cámara pusiera un stand en la FIL de Guadalajara. Le daba como $50 mil, cuando el stand salía en 5 mil, 7 mil. Y, de golpe, las editoriales independientes podíamos participar con un envío de kilogramos gratis, etc. Empezaron a haber mecanismos consultivos para seleccionar a los escritores que viajaban, para que no se los definiera a dedo, según el criterio de la ministra de Cultura o de quien fuera.

¿Y en otros campos?

Pues tuvimos el Plan Nacional del Libro, que quizá nunca funcionó bien, pero antes no había. Aparecieron los tambos de lectura, las ferias regionales, un montón de cosas donde antes había un desierto. Si funcionaron o no, es otro tema, pero aparecieron. También están los fondos de fomento, que de inyectar directamente al autor pasaron a inyectar a la cadena del libro a través de las editoriales, lo cual era mucho más práctico. Porque la editorial hace un prefiltro; recibe, no sé, cincuenta manuscritos y decide postular cinco. El dinero se inyecta a la editorial, la editorial le paga al corrector, al diseñador, a la diagramadora, a la imprenta, al autor. Entonces, el dinero realmente se distribuye.

Según Gacio Baquiola: «Hay un desborde de publicaciones y no hay canales de venta, entonces, no hay lectores». Fotografía de Jaime Villavicencio.

¿Qué quieres decir cuando hablas de una pasividad e inhabilidad en el sector?

Que me consterna la pasividad del sector, porque solo se mueve cuando le tocan el culo, cuando le tocan la billetera. Después, realmente no está proponiendo que cambien las cosas, nunca está con un plan de trabajo. Le dicen que le van a cobrar por metro cuadrado en una feria y ahí se enoja, pone el grito en el cielo. Pero, no sé, el año pasado el IFCI había destinado $850 mil a artes literarias, ¿cuánto destinó este año? Cero. Entonces, ¿qué estamos mirando? Y no estoy diciendo que haya que vivir de la teta del Estado, pero esto es algo que no entiendo. Digo, la falta de lobby es preocupante y que nadie haya dicho nada de esto me parece abismal.

Esto, supongo, lo planteas frente al retroceso que se vive hoy.

Estamos en un claro retroceso, sí. Se había logrado romper el tongo y romper la mafia que tenía la Cámara Ecuatoriana del Libro con el Ministerio de Cultura y ahora volvió; se había conseguido que los espacios públicos, en la Feria del Libro de Quito y en otras, fueran gratuitos y ahora se rompió. Se había logrado que se inyecten fondos al sistema del libro, ahora no hay fondos. Ni hablemos del tema de las bibliotecas ni del Plan Nacional del Libro, que había conseguido mover algo, pero ya no existe. Lo que está mirando el sector es cuando le tocan el bolsillo y le quieren cobrar el metro cuadrado en la Feria de Quito. Que no hubiera Feria del Libro de Cuenca en el 2025 y en el 2026, ¿no le importa a nadie?

***

Gacio interpela e incomoda. Quizás eso no se pueda descoser de su forma de ser, o sea simplemente su manera de decir que la pelea debe ser ahora comandada por otras personas, porque no es un terreno en el que él quiera estar de nuevo. Y si bien deja la impresión de que en un poco más de una década las cosas no han mejorado, también nos está diciendo que vale la pena luchar por un ecosistema del libro que todavía enfrenta dificultades. No será nada fácil, desde luego; es el camino que hay que transitar por el amor a los libros.

Eduardo Varas Carvajal (Guayaquil, 1979). Escritor, músico y periodista. En 2011 fue seleccionado por la FIL de Guadalajara como uno de los «25 secretos mejor guardados de América Latina». Ha publicado Conjeturas para una tarde (BCE, 2007), Los descosidos (Alfaguara, 2010), Faltas ortográficas (CCE, 2017), Esas criaturas (Cadáver Exquisito, 2021) y Las tres versiones (Cadáver Exquisito, 2022). Con este último libro ganó el premio de novela corta Miguel Donoso Pareja, de la Feria Internacional del Libro de Guayaquil.

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