Monda & Lironda

REVISTA AZUAYA ESPECIALIZADA EN CRÍTICA CULTURAL Y ESCRITURA CREATIVA

NÚMERO 18

ABRIL 2024 | CUENCA, ECUADOR

La autorrepresentación como una forma del desafío en Siberia de Daniela Alcívar Bellolio

La novela Siberia (Campaña de Lectura Eugenio Espejo, 2018), de la escritora ecuatoriana Daniela Alcívar Bellolio. / David Larriva.

Siberia (2018), de Daniela Alcívar Bellolio, relata el duelo de una mujer por la pérdida de su hijo, quien muere después de haber vivido un día fuera del vientre. Se trata de una novela que, desde la maternidad, los afectos y el cuerpo —como vehículo de la escritura—, logra posicionar lo íntimo como universal y político. Utiliza un juego con el lenguaje que se vale de «géneros literarios menores» como el diario y la autoficción1, terminando por hacer de la autorrepresentación una forma del desafío.

El deseo de realizar este artículo surgió tras la primera lectura de Siberia. Me encontré con la novela cerca de abril del 2020, en medio del confinamiento. Dos meses atrás me había realizado un aborto. Siempre supe que no quería tener hijos, algunas lecturas del feminismo radical de los 70 reforzaron esa idea y, cuando tuve que elegir, fue como si la decisión ya hubiera estado tomada. Discutí con mi madre en la sala de ecografía, ella le preguntaba a la doctora cuándo nacería y yo le gritaba que no lo iba a tener. Fue ella quien más sufrió la pérdida. Tuve que irme de su casa durante algunos meses hasta que lo olvidó y volvió a hablarme. Lo más doloroso de la experiencia fueron los estragos físicos, pero no hubo ningún arrepentimiento ni tristeza. Poco después, una fotógrafa que había conocido me pidió un texto sobre la maternidad para un proyecto personal. Escribí un breve texto llamado Contra la maternidad: huelga de vientres. En él retomaba la idea de Simone de Beauvoir de que «la libertad empieza por el vientre» y otros planteamientos de Leonor Silvestri, como aquel de que las repetidas consignas acerca de la maternidad deseada no tienen nada que ver con la libertad, ya que el deseo es una construcción política y el capitalismo produce los deseos que lo respaldan y lo mantienen en funcionamiento. Pensaba que la maternidad debía ser cuestionada por ser una imposición histórica. Apenas terminé el texto lo envié al grupo familiar, generando una discusión. La fotógrafa, por otro lado, nunca me volvió a mencionar el tema. Hasta ahora no sé si se asustó o no le sirvió. No quise preguntar.

La conexión que hago entre aquel pensamiento un tanto «radical» y la lectura de Siberia no es para decir que mi perspectiva sobre la maternidad cambió por completo. Todavía tengo un largo camino de lecturas y miradas por transitar. Lo menciono más bien para destacar el cómo esta historia dialogó con mi propia experiencia en un momento trascendental y me hizo recordar que en la teoría feminista hay puntos de cruce y elementos inestables que conviven de forma agitada. Son esos desafíos teóricos los que permiten abrir las preguntas necesarias, que no siempre son completamente respondidas. Además, quisiera destacar la relevancia de una obra como esta dentro de la tradición literaria ecuatoriana, encabezada desde siempre por un canon patriarcal donde las historias que abordan experiencias «femeninas»2 han sido escasas.

Maternidad, afectos y temas que importan ciberpunk

La maternidad que se nos presenta en Siberia no se podría inscribir bajo ningún punto de vista dentro de los estereotipos de la madre pura y serena. Aquí, la figura de la madre se complejiza constantemente con los saltos de tiempo, en donde se muestran distintas facetas de una mujer, entre cuyas obsesiones y preocupaciones está el acto mismo de maternar. De ahí que sienta a su hijo a salvo dentro de sí y no en el mundo exterior, donde ella misma admite que podría hacerle daño por la «larga sucesión de miserias que carga por todos lados» (2018, p. 47). La honestidad con respecto a no saber bien qué está haciendo con su rol, pone en evidencia que la maternidad no es tratada necesariamente como un refugio seguro. Sylvia Molloy (2006) cuestiona la visión masculina de que la mujer, conforme al estereotipo del «ángel de la casa», es quien está mejor capacitada para hablar y escribir sobre un ámbito doméstico.

Las escritoras latinoamericanas, con muy pocas excepciones, abordan el hogar, la familia, la niñez y la economía de deseo dictadas por las prácticas patriarcales con actitud reflexiva y suspicaz. Sus textos distan de ser recreaciones convencionales, son inevitablemente críticos, no porque sean negativos con respecto al pasado sino porque resueltamente emprenden una reflexión y, por líricos que sean, una reevaluación de una época y una forma de vida que ya no corresponde a la mujer que los escribe (2006, p. 83).

En definitiva, hay una reevaluación que viene de la mano con la resignación ante la irrupción de la muerte y el sinsentido en la vida cotidiana. Por eso, hacia el final hay una suerte de aceptación de la pérdida del hijo: «A veces vuelvo a pensar en la compensación, en el deseo de que exista. Es improbable que el resultado fuera favorecedor para mí. Entonces pienso que es mejor que no exista, que todo relato sea ficticio y todo paisaje esquivo» (2018, p. 92). En este punto, la figura de la madre termina por volverse, incluso, ambigua y problemática.

Por otro lado, quisiera referirme al relato lateral que se construye sobre esta misma premisa. Es decir, cómo el acto de maternar aparece también en los escenarios de cuidado hacia las amigas. Los afectos entre estas son una constante de consuelo y protección que se extiende desde los recuerdos más antiguos de la infancia —tal como se ve en la memoria de ese primer hogar construido en el jardín de la amiga chilena— hasta situaciones más actuales como las de las atenciones post-embriaguez. En ese mismo sentido, los vínculos con los animales adquieren también un lugar central: el acompañamiento de las perras, o el detenimiento para describir los encuentros con gatos, abejas y otras especies. Esto se vincula con lo que plantea Haraway (2018) respecto a generar parientes en parentescos raros: «Nos necesitamos recíprocamente en colaboraciones y combinaciones inesperadas, en pilas de compost caliente. Devenimos con de manera recíproca o no devenimos en absoluto» (p. 24)3. Por eso, es definitivo aquel momento en que la protagonista se decide a invadir el terreno del vecino para robar un perro amarrado al cual salva, adopta y da nombre. Se trata en ambos casos de la construcción de comunidades y colectivos apoyados en la responsabilidad y que no necesariamente coinciden con el modelo de familia tradicional.

En El pelotero del logos (2017), Marina Mariasch plantea que las mujeres escritoras han peleado históricamente por aquel espacio reservado a los hombres: «Las mujeres desde siempre han estado condenadas al silencio y al disimulo, a mantener la boca cerrada porque sus temas son más importantes que los tuyos» (p. 77)4. Apenas empieza —un escenario que más tarde vuelve a aparecer— la novela abre la pregunta acerca de los temas «poco importantes» en la literatura. La protagonista cuenta a un hombre sus conflictos amorosos y después lo escucha a él hablar sobre la vida y el mundo, esto la hace preguntarse: «por qué soy tan simple, por qué no me mueven pasiones mayores» (2018, p. 17). Tiene tanto peso este cuestionamiento sobre la propia escritura que incluso llega a dudar de la relevancia de la experiencia capital de su vida (la muerte de su hijo) como tema literario: «me irrito, quizá, porque me veo ahí, en ese marasmo esnob de la literatura de chicas que cuentan sus pequeñeces con tono interesante y afectado» (2018, p. 65). De cualquier manera, estas preocupaciones terminan siendo refutadas por el mismo texto que, a partir de las marcas de lo femenino y la agudeza de sus reflexiones, logra ser tanto «cacharro doméstico» como «Vía Láctea»5. Además de reapropiarse y resignificar la «esfera privada» como campo propio.

Cuerpo fragmentado, texto fragmentado

En posteriores ediciones, a Siberia le fue agregado el subtítulo «Un año después» como referencia al momento simultáneo de duelo y escritura6. En la novela, el «yo» está retratado desde la mutilación y la fragmentación: el cuerpo tiene una herida en el vientre, se debate entre dos amantes y entre dos ciudades: Quito y Buenos Aires. La migración entre dichos lugares habilita también el «escribir con el cuerpo». Es en estos viajes y desplazamientos donde la protagonista va dejando partes de sí misma. Dicha fragmentación física tiene su correspondencia con el texto, que está estructurado a partir de fragmentos no lineales que podrían ser leídos a modo de entradas de diario. En Las tretas del débil (1985), Josefina Ludmer sostiene que «desde el lugar asignado y aceptado, se cambia no solo el sentido de ese lugar sino el sentido mismo de lo que se instaura en él» (p. 53)7. Es decir, la elección de un «género menor» —en este caso la autobiografía en cierta medida y el diario, que son escrituras límite entre lo literario y lo no literario— estaría operando como una forma de reorganizar la estructura, negando desde el interior la supuesta inferioridad de esos géneros.                                                     

Uno de los momentos donde dicha fragmentación del texto se vuelve más evidente es cuando se narra la muerte del hijo. Hay un salto abrupto y violento entre la imagen esperanzadora del niño como «caudal inagotable de alegría» (2018, p. 58) y el único apartado con fecha donde la imposibilidad para describir el dolor se ve reflejada en aquella voz quebrada que apenas puede narrar lo sucedido. Luisa Valenzuela (2001) sostiene que «la lucha de toda persona que escribe, de toda escritora de verdad, se entabla contra el demonio de aquello que resiste a ser verbalizado, a ser puesto en palabras» (p. 120)8. Es así que en Siberia «todo está incompleto» (2018, p. 59), por ejemplo: la herida en el vientre que no tiene un hijo que la justifique, los senos duros y adoloridos que producen leche para un conjunto amado de cenizas, el cuerpo y las entrañas. Si bien Siberia tiene su origen en la experiencia personal de Daniela Alcívar, en esta novela también se puede rastrear aquella «dislocación del ser» de la que habla Molloy (2006) y que posibilita escribir desde otro lado, borrando las líneas entre autora y personaje mediante estrategias representacionales que le permiten crear un universo cargado de sensibilidad, a la vez que desafía al establishment literario nacional, a través de un ejercicio consciente de reapropiación literaria desde una mirada feminista.

1 Hablaré de la autoficción en términos de la «autorrepresentación» que plantea Sylvia Molloy.
2 Cuando hablamos de literatura de mujeres estamos, en principio, pensando en dos cosas diferentes. Por un lado, en el contexto sociocultural en el que las mujeres ocupamos un espacio restringido y marginal. Por el otro, en el sentido estrictamente literario. Y, finalmente, podemos preguntarnos si existe una escritura femenina (Mariasch, 2017, p. 78)
3 Ibídem.
4 Ibídem.
5 La escritora Fina García Marruz, citada en Mariasch (2017), define así su poética. El cacharro doméstico es una referencia de lo femenino: el mundo de la familia, la casa. La Vía Láctea sería un símbolo de lo universal, la conquista, la expansión de la simiente y, en última instancia, de lo masculino (p. 96).
6 En entrevistas, Alcívar se ha referido al momento de escritura de Siberia como un proceso complejo que tenía que interrumpir para aliviar el dolor y poder seguir escribiendo.
7 Ibídem.
8 Ibídem.

Roxana Landívar (Guayaquil, Ecuador, 1997). Escritora. Estudiante de Letras en la Universidad de Buenos Aires. Publicó los poemarios: Fractura primaria (La Caída, 2020) y Ciudades cemento (2019) con colaboración fotográfica. Sus poemas también constan en la antología Pedir un deseo, prenderle fuego (Ediciones Continente, Argentina) y en Poesía No Consagrada (Ed. Granuja, México). Ha participado en varias ferias del libro nacionales y en encuentros internacionales. Es co-creadora en Nika Turbina, agrupación musical feminista de pop existencialista y neo-new romance. Ha sido parte de diversos ciclos de lectura en Argentina, Chile y Ecuador. Sus textos se encuentran en varias revistas y antologías digitales de Latinoamérica.

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