Monda & Lironda

REVISTA AZUAYA ESPECIALIZADA EN CRÍTICA CULTURAL Y ESCRITURA CREATIVA

NÚMERO 18

ABRIL 2024 | CUENCA, ECUADOR

Super Mario Bros: le prometí a mi niña que de grande iba a escribir sobre películas

Por: Verónica Andrade Aguilar

Uno de los afiches de Super Mario Bros.: La película. Imagen libre de derechos. Cortesía.

Super Mario Bros —la película de dos hermanos que viajan a un mundo fantástico que está poblado por pequeños hongos (liderados por una princesa de vestido rosa) que se enfrentan a un personaje malvado (cegado por un loco amor)— o, para mí (y tal vez para muchos), La nostalgia de sentarnos frente a la compu o en el mueble de la casa a jugar play se ha convertido en el film más taquillero de lo que va del 2023. Me atrevería a decir que gran parte de esa taquilla somos los niños y niñas de los 80 y 90, quienes hoy tenemos entre 29 y 30 y más años. No soy crítica de cine, no me arriesgaré a ser «funada» por decir que esta película es espectacular, que está llena de buenas secuencias, de un soundtrack magnífico o algo así, pero sí puedo, como niña grande, atreverme a decir que verla fue como revivir un hermoso recuerdo de la infancia, uno que en estos días me genera mucha nostalgia.

Sin embargo, más allá de esa añoranza, es interesante pensar que, a pesar de ser estos niños y niñas grandes, aún soñamos con vivir en un mundo en donde las nubes nos sonríen, uno en el que, si sale el sol, no tenemos que preocuparnos por la radiación o uno en el que, simple y sencillamente, nos divertiría mucho tener que sortear mil y un obstáculos para llegar a nuestro trabajo, aunque no se pueda llegar sudados o mojados y seguir fingiendo ser adultos responsables (¿o sí?).

Somos la audiencia que, así como Mario salva a su hermano Luigi, quisiera salvar a su niño o niña interior y prometerle que siempre hay un final feliz, que en el futuro no hay miedo, que el monstruo se hace chiquito y lo puedes meter en un frasquito, que no va a ver a su gran amor tener un hijo con otra persona, que la vida laboral es maravillosa e interesante, que cuando se cumple veintinueve se tiene una casa, un carro, una princesa o un príncipe y la vida resuelta. Lo más tragicómico de ver esta película y ser un niño o niña grande es que, de todos los personajes, muchos nos identificamos con la estrellita azul Lumalee y sus frases depresivas que, como dice la chaviza, «son broma, pero si quieres no son broma». A estas alturas de la vida, estas afirmaciones son demasiado familiares y, mientras veíamos la película riendo, seguramente más de uno pensó que Lumalee tenía razón.

La vida de adulto es un desafío y, aunque cada tanto necesitemos ir al super a comprar gomitas o un Toni Mix, o aunque hayamos cambiado el jugo Kapo por un «Kapo» de uva para adultos, es interesante jugar, todos los días, a rescatarnos a nosotros y a nuestros amigos y amigas, pelear contra los jefe-Bowser (estos, cegados por el poder, no por el amor), luchar contra los Donkey Kong de la política pública (que a ratos son bastante monos de circo) o, ¿por qué no?, jugar a esquivar los robos y balas de la inseguridad.

Pienso que estas películas, de cierto modo, nos ayudan a mantener esa nostalgia por la niñez y, aunque podríamos pasar horas recordando lo felices que fuimos, también nos llevan a valorar más los abrazos de papá o mamá —si tenemos suerte, de los dos—. A pesar de todo, la vida de adulto es interesante. Nos queda seguir animándonos a jugar este videojuego llamado vida y esperar que no se reseteé el play sin guardar la partida; aún nos queda esa lucecita interior que nos anima a cumplir la promesa que le hicimos a nuestro niño o niña interno de ser felices o morir en el intento. Además, como Mario, tenemos la posibilidad de consumir hongos que nos dan poder y, por lo menos, cada cierto tiempo, pagarnos el cine, el Netflix, el Spotify (que ya no nos llena la vida de virus ni porno, como el Ares) y unos nachitos con queso.

Verónica Andrade Aguilar (Cuenca, Ecuador). Es licenciada en Lengua, Literatura y Lenguajes Audiovisuales por la Universidad de Cuenca, máster en Estudios Avanzados en Literatura Española y Latinoamericana por la Universidad de La Rioja y actualmente se encuentra cursando un Máster en Gestión de Proyectos Culturales. Trabaja en la Dirección de Políticas de Investigación de la Universidad de las Artes, además, es correctora, lectora, gestora y escribe cuando quiere renunciar. Se encuentra en la búsqueda constante del equilibrio entre la cultura y la administración pública, así como entre reguetón y la academia.

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