Monda & Lironda

REVISTA AZUAYA ESPECIALIZADA EN CRÍTICA CULTURAL Y ESCRITURA CREATIVA

NÚMERO 33

AGOSTO 2026 | CUENCA, ECUADOR

Carta a Alexandra Moreno

Mi nombre es Mateo Villa Tapia, estudio en la UETS, Campus Carlos Crespi.

Soy afortunado.
Soy afortunado.
Soy afortunado.

Soy realmente afortunado por tener una madre cariñosa, trabajadora, valiente, que no conoce el miedo para sacar [adelante] a su hijo, sola. Si quieren conocer su historia, les invito a leer, en la sección [Literatura] de la revista Monda & Lironda, [su texto que] se titula «Nacida en la otra orilla».

Soy afortunado, porque ajeno a lo que podría ser mi destino, tengo la suerte de estar cerca de la cultura, de aprender a pintar, a bailar, a contar y a leer. En esta ocasión estoy leyendo a Alexandra Moreno, que ha escrito para mí y para todos los niños que nos ponemos curiosos por saber cómo terminan las historias que ella teje, para distraernos y enseñarnos.

Alexandra, te agradezco, te felicito y deseo que sigas escribiendo para nosotros. Yo ya leí La Cuscunga y los toctes. Tengo muchas preguntas, entre ellas, por qué le dices cuscunga a esa ave tan linda. Mi mami me ha dicho que ellas llevan mensajes de tristeza, pero su nombre es lechuza.

Deseo conocerte, conversar y tomarme una foto contigo, me haría muy feliz. Te cuento que estoy ahorrando en mi chanchito para comprar el nuevo cuentito que publiques, para que me pongas una linda dedicatoria.

Tu fan,

Mateo Villa

Apreciado Mateo,

Me hace muy feliz que alguien como tú lea los cuentos que escribí.

¿Sabes? Hace años, una familia de lechuzas anidaba en el campanario de la capilla de San Vicente de Paúl. Esas aves magníficas volaban en nuestro vecindario por las noches. Pese a ser tan silenciosas, su plumaje blanco, desplegado sobre las tejas oscuras, las delataba con facilidad. Nunca nos asustó su canto ni sentimos que pudieran ser portadoras de tristeza. Todo lo contrario: eran apariciones mágicas que nos trasladaban, a mis hijas y a mí, a un mundo de misterio y fantasía ¡Algunas veces hasta llegamos a pensar si una de las lechuzas no sería la mismísima Hedwig! Por esa misma época, cuando en las calles de Cuenca se apagaba el ruido, era posible escuchar a otra familia de lechuzas que vivía en el campanario de la Catedral Vieja. De allí surgió el cuento de La Cuscunga y los toctes.

Me preguntas en tu carta: «por qué le dices cuscunga a esa ave tan linda». Te cuento que lo hice porque me gusta retratar, en las historias que escribo, la forma de hablar de los azuayos, que es una mezcla muy bonita de castellano y quichua. La palabra cuscungo (leo en el diccionario) también hace referencia a las criaturas de ojos grandes. Recién ahora acabo de acordarme y comprender por qué, en mi familia, nos llamaban cuscunguita o cuscunguito a los niños «ojones». La cuscunga del cuento tiene ojos amarillos para que alumbren, como faros en la oscuridad, pero en el mundo natural siempre tendrán hermosos ojos negros.

Releo tu pregunta y pienso si acaso tú percibes la palabra cuscunga con un matiz negativo. Busco otra vez el diccionario y leo que fue usada en el pasado como un insulto racista. ¿Tal vez escuchaste a alguien usarla en un contexto de ofensa a otro ser humano y, de allí, surgió en ti la duda sobre su significado? ¡Ojalá que no! En todo caso, te pido imaginar a las palabras, los colores, las historias, los cantos, como si fueran todos grandes recipientes de significados que nosotros mismos podemos elegir cómo llenar y transformar. Estoy segura de que, si elegimos el camino a la belleza, siempre tendremos el poder de transformarlo todo.

Espero que disfrutes, junto a tu querida mamá, de las nuevas lecturas que te envío y confío que pronto veré tu foto publicada en Monda & Lironda para conocerte más. Me disculpo, porque no podré aparecer en ella, puesto que vivo alejada de la ciudad y en estos días intento ser invisible.

Con cariño, tu amiga,

Alexandra

Alexandra Moreno (Bahía de Caráquez, 1966). Es autora, gestora cultural y coordinadora general del Proyecto Bradamante. Estudió antropología, literatura y gastronomía. Ha trabajado como maestra de escuela, investigadora, cocinera y escritora; también ha publicado Julián en el barranco, La Cuscunga y los toctes, Pan de máchika, La noche de los giles, Elia Lut y ¿Existe ese cielo?

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