Monda & Lironda

REVISTA AZUAYA ESPECIALIZADA EN CRÍTICA CULTURAL Y ESCRITURA CREATIVA

NÚMERO 33

AGOSTO 2026 | CUENCA, ECUADOR

Cinco iniciativas locales por si ya no quieres ser víctima de la moda

Por: Rosalía Vázquez Moreno
 

De izq. a der., de pie: Erika Mogrovejo y Sharon Gordillo. Sentadas: Tatiana Loaiza e Isabella Grimont. Todas posan con ropa y accesorios de Anacleta Design, Erre, Matrioshka Design, Nuna y Machado Joyas y Accesorios. Fotografía de Jaime Villavicencio para Monda & Lironda.

Hablar de moda siempre implica nadar entre aguas superficiales y profundas; mecerse entre el placer y la culpa; entre el egoísmo de las gratificaciones instantáneas y la certeza de que el mundo arde, en alguna maquila de Bangladesh o en algún vertedero en Atacama. Aunque el panorama ambiental que se esconde detrás de esos jeans que tanto te gustan es sumamente desalentador —al año, se producen alrededor de 150 billones de prendas, el 85 % de estas terminan en vertederos—, la ropa y la moda también son un mecanismo para ocupar nuestro lugar en el mundo, para transgredir y renovar las nociones de lo establecido. Ya lo hemos visto una y otra vez a lo largo de la historia: desde las mujeres que se atrevieron a usar pantalones —a pesar de las amenazas de cárcel—, pasando por los ponchos rojos que caracterizan la lucha de varias identidades indígenas del Ecuador, hasta el cabello afro que lucían las Panteras Negras en los 60; la vestimenta y nuestra necesidad de romper las convenciones, para afirmar nuestra identidad o ejercer nuestra libertad, es también una parte esencial de eso que nos hace humanos.

Por eso, para esta entrega de Monda & Lironda, decidimos reseñar cinco emprendimientos locales. Estas iniciativas piensan la moda, no solo como un oficio que sostiene a nuestros vecinos y vecinas, o que dinamiza la economía de la región, sino como una postura ética y estética que resignifica íconos culturales, crea estilos que nos permiten expresarnos, pero también comunidades de cuidado que empoderan y dignifican a las personas que crean la ropa que nos ponemos. Sobre todo, se trata de alternativas que desafían los ritmos de consumo que nos llevan a la culpa o nos quitan la voluntad al volvernos simples seguidores de tendencias.

Anacleta Design, comodidad y comunidad

Isabella Grimont recorre la terraza de la CCE Azuay con un black naked dress de Anacleta Design y con joyas de Machado Joyas y Accesorios. Fotografía de Jaime Villavicencio para Monda & Lironda.

Anacleta Design es una marca cuencana que nació hace catorce años de la mano de Lía Cevallos, una economista que se ha dedicado al diseño textil, y su madre, María del Carmen Proaño, quien inició el taller de confección y armó el equipo con el que todavía trabajan. Desde hace diez años, esta iniciativa de slow fashion comparte espacio con la icónica Cu. Gallery (en su local de la Presidente Borrero de Cuenca). «Es un partnership soñado. La José siempre me dice que ella es mi relación más larga y tiene razón», bromea Lía.

En la tienda que se ha vuelto una parada infaltable para cualquier aficionado de la moda nacional, no solo se venden productos propios de Anacleta Design o Cu. Gallery; se trata de una plataforma para otras marcas y diseñadores ecuatorianos. «Gestar un espacio físico donde emprendedores puedan mostrar sus productos genera un impacto social importante. No solo porque al comprar estás apoyando a tu vecina, a tu tía, a tu mamá (y no a los típicos empresarios que contaminan y se llenan de plata), sino porque aparecen oportunidades para enseñar y aprender de los demás. Hablo de cosas como poner costos, pagar impuestos o entender temas legales. En todo eso nos damos una mano. Somos un círculo de mujeres que nos apoyamos y generamos recursos para todas», dice Lía.

La propuesta estética de Anacleta es versátil y, por lo mismo, difícil de definir. Hablamos de prendas con siluetas innovadoras y modernas, que no le temen al color, pero que también se enfocan en la comodidad, el bienestar y, sobre todo, la libertad.

Lía me cuenta que el reto más grande de las iniciativas de slow fashion locales es que la gente comprenda lo que implica producir en Ecuador, por qué y a quién le estás pagando. «En mi caso, trabajo con una costurera que es madre soltera y compro telas que suelen llegar con impuestos. Hay muchas cositas que aumentan el precio», explica. Las prendas que se fabrican en círculos de producción más sustentables y justos no pueden competir con las que se elaboran en maquilas, con el trabajo de mujeres y muchas veces menores que laboran en condiciones de maltrato y explotación. Dice Lía que se suele creer que lo local debe ser menos costoso, pero ese no es necesariamente el caso. El valor de estas marcas radica en la garantía de calidad y de un pago justo a todas las personas que están involucradas en el proceso.

Erre, por el mundo que le dejaremos a nuestras hijas e hijos


Tatiana Loaiza posa con un abrigo vintage de Erre y con una cadena inka de plata, tejida a mano; un colgante flor de loto, de plata; y en su frente, con una cadena y aplique flor de loto de plata elaborados a mano por Machado Joyas y Accesorios. Fotografía de Jaime Villavicencio para Monda & Lironda.

Por allá, en 2019, la actriz guayaquileña, Verónica Ruiz, se atrevió a cumplir uno de sus sueños de la infancia: abrir una tienda de ropa vintage. Lo que no sabía, cuando empezó, era que su emprendimiento, Erre, le serviría para sobrellevar los momentos más duros de la pandemia. «Yo veía a Guayaquil, mi ciudad, yéndose al diablo. Mis papás y mi hermano estaban con covid. Necesitaba distraer mi mente del miedo. Probarme ropa y tomarme fotos me ayudó a no estar pensando en que, afuera, la situación era incontenible», me cuenta.

Erre es una tienda de moda vintage que reta las nociones que muchos ecuatorianos tenemos de la ropa usada. Por un lado, ofrece prendas que, por su edad, no solo tienen una personalidad e historia propia, sino que presentan condiciones de producción que las hacen mucho más duraderas, de mejor calidad y más accesibles que cualquier pieza de fast fashion. Por otro lado, la oferta de esta tienda nos invita a repensar nuestra actitud ante la ropa de segunda mano. «A muchas personas les da asco la ropa usada o existen ideas sobre las energías que estas prendas pueden tener. Yo creo que también hay que pensar de dónde viene esa ropa nueva que se crea en maquilas, lugares que no son saludables ni siquiera para las personas que las están haciendo. Hay etiquetas de Shein que dicen: “Ayuda. Help. SOS. Nos están matando”. ¿Con qué energía creen que se crea el fast fashion?», dice Verónica.

En Erre se venden piezas únicas que han sido curadas por una persona que ama la moda y la trayectoria de cada prenda en su historia y contexto. Sin embargo, para Verónica, volver la mirada a lo vintage va más allá de una preferencia estética o de la conveniencia de su precio, se trata de un acto de rebeldía, un auténtico fashion statement que nos obliga a cuestionar no solo el desperdicio de la industria textil, sino las condiciones de explotación que hacen posibles los ciclos de la moda rápida. «Hay ropa de hace veinte años que está intacta y todavía tiene muchísimo más que dar. No es necesario seguir creando, menos cuando lo que se fabrica se rompe en pocas lavadas. Están creando ropa desechable para que sigamos consumiendo. Desde que me dedico a esto, me he puesto a pensar aún más en el desperdicio, la basura, los plásticos, las cosas de un solo uso y me pregunto: ¿Qué mundo le estoy dejando a mi hijo?».

Matrioshka Design, ¿para quién te vistes?

Sharon Gordillo posa en el puente de la terraza de la CCE Azuay, con un vestido de Matrioshka Design y con joyas de Machado Joyas y Accesorios. Fotografía de Jaime Villavicencio para Monda & Lironda.

Esta iniciativa de moda local nació en 2019, cuando Elisa Briceño, una socióloga venezolana, empezó a intervenir su ropa con bordados típicos de la Sierra sur del Ecuador. «Cuando llegué estaba fascinada con los trajes tradicionales, pero, al mismo tiempo, cuando compraba, solo encontraba ropa americana en tallas demasiado chicas. Por eso empecé a intervenir mi ropa», cuenta.

La marca presenta piezas coloridas, versátiles, eclécticas —en ocasiones asimétricas— y cómodas, pensadas para, en palabras de Elisa, «Gritar. La moda es una bandera muy poderosa para hablar fuerte, para decir: “Aquí estoy, esto soy yo”». Elisa me explica que, aunque pareciera que la posibilidad de elegir nos está dada, esa no es la realidad de muchas mujeres. Sin embargo, para ella, la moda abre un intersticio en el que la libertad, a través de la elección, es posible: «Vestir es muy revolucionario, porque puedes quemarlo todo escogiendo qué te vas a poner. ¿Para quién te vistes? Esa es una pregunta que debemos hacernos todas, independientemente de la edad que tengamos», dice.

Matrioshka Design también tiene una sección de ropa de segunda mano. Esta oferta está pensada, por un lado, para las generaciones más jóvenes que, gracias a su conciencia y convicción ambiental, están dispuestas a cambiar sus hábitos de consumo. Por otro lado, para las personas que desean adquirir ropa a precios más accesibles. Para Elisa, es primordial no imponer límites socioeconómicos en su tienda. Todas las personas, sin importar su poder adquisitivo, son bienvenidas.

Nuna, sobre abuelitas y punk

Erika Mogrovejo posa con una bomber de lana tejida a mano por Nuna y con un collar llave de plata elaborado a mano y combinado con piedras ónix, de Machado Joyas y Accesorios. Fotografía de Jaime Villavicencio para Monda & Lironda.

Nuna es una marca cuencana de slow fashion que, para romper convenciones y resignificar técnicas, se inspira en el imaginario popular cuencano y en el aura transgresora del punk. Gabriela Zumba, la diseñadora, artista y artesana que encabeza este proyecto, se ha inspirado no solo en las cobijas que tejían sus abuelas y tías abuelas, sino también en el estilo e iconografía de «los cholos contemporáneos de nuestro país». «Su onda me parece subversiva, porque está atravesada por la migración. Sacrificas la familia, para vestir a tu familia, para mandarles cosas, cosas de marca. Así se genera un estilo», cuenta Gabriela.

Las prendas de Nuna no solo desacralizan íconos religiosos populares al llevarlos al día a día de una chompa tejida a mano, reutilizan las inconfundibles cobijas de tigre para fabricar nuevas piezas de ropa o resignifican las técnicas de tejido de las abuelas para crear piezas cómodas, elegantes y abrigadas. La marca se caracteriza por ralentizar su ritmo de producción como un acto político, de amor y resistencia, que protege y valora la labor de las artesanas que elaboran las prendas. «Hemos consolidado una amistad con ellas, porque tejer es un trabajo emocional, meditativo y creativo. Siempre están trabajando duro, entonces, estoy pendiente. Ellas son todo para mí; si se enferman, yo estoy ahí, porque el punto de todo esto también es cuidar».

Nuna es una iniciativa colectiva que actualmente está conformada por un grupo de mujeres —Sonia Barbecho, Jenny Coronel, Esperanza Pulla, Carmen Vargas, Gabriela Zumba— que hacen ropa con técnicas ancestrales, en una dinámica horizontal y con la idea de proteger un oficio. Y, aunque definitivamente se trata de un tema de empoderamiento femenino, la labor de esta marca también incluye a fotógrafos —Omar Hidalgo, David Gutiérrez y Mao Reyes—, maquillistas —Priscila Alvarado y Paula Araujo— y artistas locales que, en muchas ocasiones, toman el rol de modelos. «Me encanta que sean artistas, diseñadores o creativos, porque todos tienen una personalidad excéntrica o extrovertida, y pueden disfrutar y divertirse al momento, no solo de hacer fotos, sino de vestirse», asegura Gabriela.

Machado Joyas y Accesorios, la artesanía es el vínculo que une a las familias

Pedro José Machado Tapia es un artesano de cuarta generación, uno de los herederos de una tradición que, en 2021, recibió la Medalla CIDAP Orígenes, que premia la trascendencia de los legados artesanales de los pueblos americanos. Aunque se formó como biólogo, desde hace 9 años, se dedica a la elaboración de joyas y accesorios de plata y cobre reciclado. Para su trabajo se inspira en la iconografía tradicional y ancestral, pero también en la naturaleza.

Isabella Grimont luce cadenas de cobre reciclado, piedras semipreciosas y cuero, pulseras de cobre reciclado y cestería de cobre tejido a mano por Machado Joyas y Accesorios. Fotografía de Jaime Villavicencio para Monda & Lironda.

Al igual que su padre y sus tíos, aprendió el oficio en casa, donde creció rodeado de herramientas. Según Pedro, «Si bien dicen que la habilidad está ahí porque se hereda, también hay que desarrollarla». Por esta razón, los Machado no han dejado de asistir a talleres y cursos que les permiten mejorar su técnica y seguir compartiendo conocimientos de manera horizontal e intergeneracional.

En el local, que está ubicado en la Hermano Miguel y Honorato Vásquez, se exhiben las piezas de Pedro y su familia. Él me cuenta que, aunque todos se dedican a la joyería, cada quien tiene una línea propia, desde la que trabajan con inspiraciones y temas que se complementan. La idea es ofrecer las diversas sensibilidades que se expresan en los productos de cada autor.

Sin embargo, al igual que cualquier otro producto artesanal, las joyas y accesorios de los Machado se enfrentan a la competencia brutal que les impone la bisutería. «Este es un problema grande, porque se ha roto la concepción de los precios. Así no podemos competir. Por eso, nuestros esfuerzos se han enfocado en fomentar la revalorización de nuestro trabajo». Pedro me cuenta que su labor se realiza 100 % a mano y que lo más importante es la aplicación de los conocimientos que se han legado por generaciones. «Si bien, no podemos competir por precio, los artesanos ofrecemos durabilidad y singularidad. Aunque exista una matriz, las piezas son siempre únicas, porque en su elaboración también influyen cosas como el estado de ánimo o los impulsos creativos de quien las elabora. Los artesanos dejamos un pedazo de nosotros en cada cosa que hacemos».

Sharon Gordillo luce una cadena y aretes de plata y piedra ágata, además, un collar de cobre, cerámica y cuero sintético y una pulsera y brazalete de cobre y amazonita de Machado Joyas y Accesorios. Fotografía de Jaime Villavicencio para Monda & Lironda.

Hacer artesanías es un acto de resistencia como de desaceleración. No solo porque recoge y aplica conocimientos que son antitéticos a la velocidad y homogeneización de los procesos industriales, sino porque su esencia radica en los tiempos lentos y meditabundos. Es en estas piezas donde se manifiesta la identidad de nuestros pueblos: «En nuestros conocimientos y nuestras tradiciones —me aclara Pedro—, por eso luchamos para que no se pierdan, porque estos saberes son el sustento de varias familias, pero también son el vínculo que las une».

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Es urgente que todas las conversaciones que tengamos sobre moda se enfoquen también en las consecuencias de nuestros hábitos de consumo. Si bien es cierto que la moda sirve como una poderosa herramienta de autodeterminación, hoy más que nunca debe ser ejercida desde la transgresión y el cuestionamiento a los sistemas de producción masiva. Los primeros pasos hacia una alternativa ya lo están dando los gestores y artistas de nuestro país. Solo en Cuenca existe una interesante oferta de emprendedores que trabajan para satisfacer varias necesidades estéticas y éticas (además de las que mencionamos aquí, puedes conocer: Cu. Gallery, Floresta Galería Second Hand, Uhuru Afro Design o el afamado mercado textil de la Plaza San Francisco).

La moda puede ser una herramienta de opresión o de revolución; aunque no siempre seamos capaces de verlo, eso depende de cada quien. Ya saben: pick your own poison. Tal vez, es hora de que elijamos la libertad de nadar contracorriente, lejos de la culpa y la victimización en la que nos han sumergido las industrias. En palabras de Gabriela Zumba, como creativos y consumidores, «Estamos muy encasillados en el sistema. Rompan y rómpanse; la creatividad necesita espacio».

De izq. a der.: Tatiana Loaiza, Sharon Gordillo, Isabella Grimont y Erika Mogrovejo. Todas posan, en la terraza de la CCE Azuay, con ropa y accesorios de Anacleta Design, Erre, Matrioshka Design, Nuna y Machado Joyas y Accesorios. Fotografía de Jaime Villavicencio para Monda & Lironda.

Rosalía Vázquez Moreno (Cuenca, 1991). Es escritora, editora y lectora. En 2023 publicó Sobre cómo hacer y deshacer una maleta, poemario con el que ganó la Convocatoria Abierta para Publicaciones de la CCE Azuay. Ha escrito para revistas como Inhaus, la Gaceta Cultural de República Sur, L’escalier Magazine y otras. En 2023, junto a otros poetas, colaboró con el artista Alexander Apóstol en la obra ganadora del Premio Adquisición de la XVI Bienal de Cuenca. Es máster en Escritura Creativa por la Universidad Complutense de Madrid y licenciada en Lengua, Literatura y Lenguajes Audiovisuales por la Universidad de Cuenca.

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