El fútbol o la alegría que no han podido robarnos
El Mundial de Fútbol 2026 dio mucha tela que cortar. Desde las pausas de hidratación, hasta los matices políticos de cada jugada y gesto que vimos dentro y fuera de la cancha —como el pin que la selección de Irán usó para homenajear a quienes murieron en el bombardeo de una escuela primaria en Minab o el «feriado» que se decretó después de que pasara lo impensable: la victoria de la Tri contra Alemania—. La esperanza nunca es más tangible que durante un Mundial, por eso no hemos podido dejar de pensar en Ismael, Josué, Nehemías, Steven y en todas las infancias y jóvenes que viven en comunidades empobrecidas. Muchos saben que el fútbol podría salvarlos, que la esperanza tiene forma de pelota y que, a diferencia de otras quimeras, sí está a su alcance; como lo estuvo para muchos de los jugadores de la Tri, quienes son parte de poblaciones racializadas e históricamente ignoradas por un Estado y una nación que miran para otro lado —excepto cuando están en la cancha—. Por eso, para nuestro número 33, quisimos hablar «del deporte más lindo del mundo».
Abrimos esta edición con una Crítica Cultural en la que John Valverde nos pregunta si la cocina internacional ha llevado a la banca de suplentes a nuestros tradicionales quimbolitos, fritada o empanadas de viento. Para la entrevista de este mes, Issa Aguilar Jara se juntó con Mateo Maccari, volante del Club Deportivo Cuenca, para charlar sobre lo que pasa en la cabeza y el corazón de un futbolista. En Academia Disidente, Erika Torres Mogrovejo explora las masculinidades de Erling Braut Haaland y Vozinha (Josimar Dias), y cómo su ejercicio de la ternura y la humildad han abierto las puertas del fútbol a nuevas audiencias femeninas. Para Literatura, volvemos a publicar un fragmento de «El fútbol llega a Macondo» (1999), del querido escritor y docente Felipe Aguilar Aguilar, para recordar lo insólito y risueño de la historia del Deportivo Cuenca. En Plataformas Digitales, Andrés Mazza analiza el rol de la música en esta Copa del Mundo y cómo «Wonderwall» o «Nuestro juramento» sirvieron para generar unidad a partir de la nostalgia. Para Infancias, el niño Carlos Guillermo Vásconez Orellana lee Mi amiga Agostina, libro ganador de la Convocatoria Abierta para Publicaciones 2025 de la CCE Azuay, y les escribe una carta a sus autoras, María Herrera y Alexandra Lombeyda. Cerramos esta edición con una reseña de la muestra Legados, sonoridades y texturas, un homenaje a las familias Encalada, Morocho y Uyaguari, alfareros y luthiers azuayos que han dedicado su vida a preservar y transmitir los conocimientos ancestrales de la artesanía de nuestra provincia. Así estrenamos la sección La Casa te cuenta, un espacio pensado para informar sobre la labor de los gestores que hacen uso de los espacios y servicios de la CCE Azuay.
En esta edición, nuestros colaboradores y colaboradoras ponen de manifiesto no solo las alegrías del fútbol, sino que nombran los retos y vicios que todavía enfrenta, esos que suelen quedar opacados por el brillo de la victoria y la utopía que nos ha hecho creer que alcanzarla es la única manera que tenemos de equilibrar el tablero del panorama socioeconómico global y acceder al gozo o la justicia que anhelamos y merecemos. Sin embargo, el fútbol siempre es más grande que un solo torneo o partido. Como dice Erika Torres: «Hoy sabemos con certeza que sobre el césped verde no solo se disputa una copa de oro […], sino el derecho sagrado a recordar en comunidad, a resguardar la infancia y a sanar, juntos, el origen mismo de nuestra fuerza». ¡Pasen a leer!
Monda & Lironda de la CCE Azuay

Ilustración de David Riera intervenida por Juan Contreras.
CRÍTICA CULTURAL
Mientras celebramos con bebidas importadas, algunas tradiciones locales comienzan a parecer reliquias reservadas para las fiestas de pueblo o para las fotografías turísticas. Y una cultura que deja sus costumbres únicamente para las fechas especiales corre el riesgo de convertir su memoria en museo".
¿Quién se comió el chumal? Crítica gastronómica mundialista
por: John Valverde
ENTREVISTA
Mateo Maccari: «Nadie siente el fútbol como un argentino»
por: Issa Aguilar Jara
ACADEMIA DISIDENTE
Seguir a Josimar Dias no es una concesión a la banalidad mundana que idolatra el triunfo individual, es […] elegir mirar al guardián que lleva a su abuela en la espalda para recordar que, incluso en el corazón de la maquinaria del entretenimiento, sobrevive un saber para la vida que merece ser nombrado y protegido.
¡Se va a caer, se va a caer! El fútbol será sensible o no será
por: Erika Torres Mogrovejo
LITERATURA
En su primera intervención Miguel Cartagena ignora olímpicamente las más elementales nociones de tiempo y espacio, y una pelota sin historia se encamina a su gol. Caicedo lo salva sobre la línea. Los uruguayos la ven fácil y empiezan un ataque despiadado, implacable, terrible. Un auténtico bombardeo. Y, entonces: el milagro. Cartagena despeja todo: con las manos, los pies, los glúteos. Gateando, saltando, volando".
El fútbol llega a Macondo (fragmento)
por: Felipe Aguilar Aguilar
PLATAFORMAS DIGITALES
Quizá, mi generación o las más jóvenes no entiendan de verdad lo que puede significar una canción en la voz de Julio Jaramillo. Pero quienes sí lo comprenden son nuestros abuelos, nuestros padres y la generación que se fue a Estados Unidos mientras el país se dolarizaba. Esa melodía, esa letra: silbada, tarareada, cantada en una esquina, con los panas, en medio de la alegría, la tristeza o el desamor, les recuerda un pasado que ya no está y, aun así, por un instante, vuelve.
Agostina no tiene que decir la verdad; pero ella siempre dice la verdad […]. Esa es una de las cualidades más bonitas de Agostina y, por lo general, de las personas que comparten con ella los trastornos del espectro autista, pues mayormente dicen y hacen lo que sienten. No tienen que dejar de ser ellos mismos ni comportarse de alguna manera o decir algo para agradar a alguien más".
Carta a María Herrera y Alexandra Lombeyda
por: Carlos Guillermo Vásconez Orellana
LA CASA TE CUENTA
«Legados, sonoridades y texturas» […] convierte la experiencia museográfica en un espacio de mediación cultural […]. Al transportar por unos días la esencia de los talleres de estos artesanos al centro histórico de Cuenca, el patrimonio deja de percibirse como una colección de bienes inertes, para entenderse como un conjunto de prácticas sociales que fortalecen el sentido de integración a una comunidad que comparte contextos, experiencias y anhelos.